¡Qué rara es la vida!

Qué rara es la vida, después de tantos años entre unos y otros los sentimientos pueden ser parecidos. A mí también me dan ganas de borrar todas las cartas que escribí a los editores y olvidarme de mi novela y romperla y volver también a quemar los poemas y a destrozar los libros que aún viven en la oscuridad del cajón. Pero una última fuerza, insospechada o contrarrevolucionaria, surge en mi interior; una última de ese guerrero que fui y que aún queda en mí, que me dice que debo medir con cuidado los pasos a dar, pues, por lo que leo, por lo que escucho, por lo que intuyo, el camino me conduce hacia un lugar peligroso. Creo que llegó el momento de ser más escuchador que otras veces, más que nunca, y que a fin de salir indemne o inmune debo observar sin ser visto.

Fragmento del tomo 2-1 de El Escuchador: Todos sonrieron.

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