A veces nos hacemos daño. A menudo no lo sentimos, pero guardamos en la distancia cosas que con el tiempo crecen con múltiples aristas en el interior de nuestros cuerpos. A veces son esas palabras no dichas, otras esos gestos que en principio pasaron desapercibidos a nuestros ojos. Nos hacemos daño donde más nos duele, en los ojos cuando no nos vemos, en la piel donde sentimos fuera a nuestros cuerpos. Nos hacemos daño con lo que nos contamos y creíamos que dijimos. Silencio lo que más tarde un breve ruido a nuestro alrededor hizo que diéramos con la melancolía y la nostalgia al encontrarnos a solas porque lo necesitábamos y nada entendíamos. Por qué, nos preguntamos cuando ya no hay remedio. Nos hacemos daño porque sin mirarnos a los ojos no dimos con las palabras que lo descubren todo, o casi todo, porque el silencio bordea la sombra de las cosas cuando no queremos renunciar a ser tal como nos ven los otros.

Fragmento de La poesía si es que existe, Calambur 2005.