De temblores (Fragmento)

Así es, me digo, sospecho que se trata del mismo silencio que me aísla de los demás y me resguarda, incluso, de mis sentimientos. “Dos personas son una cuando después de amarse se presentan al mundo sin complejos, sin interferencias”, vuelvo a leer en voz alta lo que escribí en el cuaderno.

Pero el escritor sabe, mejor que nadie, que después de las primeras palabras que se escriben para constatar lo que se vive, la vida sigue su camino en el momento en que se fija la mirada en unos ojos que observan mientras se pregunta y al mismo tiempo se intenta responder, con calma, con delicadeza, también a lo que siente la mujer mucho antes que el hombre.

–¿Qué sabremos los hombres de todo esto? –me pregunto ahora yo–. ¿Qué sabrán ellas de esa pasión que me confunde, que nos confunde a muchos de nosotros? –me interrogo, sin más, como si en el interior de la pregunta se encontrara la respuesta.

Son preguntas que terminan en sí mismas, preguntas que me formulo, preguntas que dirijo a una mujer invisible como si fuera esa que en esos momentos está a mi lado, sintiendo de lleno esa incapacidad de amar que me atosiga, una vez que nos vamos conociendo y los imprecisos límites del amor se convierten en la realidad de los días.

Del libro De temblores, El desvelo, 2017

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