Este libro con cortos ensayos y algunas narraciones, publicado en el año 2014 por Arte Activo Ediciones, se encuentra agotado; me lo ha comunicado recientemente Roberto Laste, su editor. Comparto con los lectores este fragmento:

Matices elementales

Incluso en el camino de la verdad que se busca a trompicones, ¿qué se puede hacer cuando se siente que ha pasado el tiempo y se desea que a uno se le recuerde de una manera donde la vida no concede a la historia personal el mérito suficiente para ser recordado? En ese instante que se busca necesariamente al ser humano para poder salvar la dignidad que nos queda, ¿se podría aislar el momento del descubrimiento más loable en un instante llamado felicidad? No lo sabremos y, aunque pensamos que se podría, no nos importa tanto como pensábamos. Se podría olvidar la felicidad, incluso en el momento en el que se siente su presencia, sin poder saber qué es lo que se siente, y sin pensar en nada más, mientras olvidamos todo lo demás, casi como si se estuviera solo. Se podría también congelar el tiempo de la emoción sentida, guardar como válido y crucial el recuerdo de esa sensación para poder cambiarla en el momento oportuno, cuando, por ejemplo, llega el desánimo en un momento de la vida o se cae en el vacío, sin poder remediar el infortunio que nos agobia por momentos. Sea un caso u otro, el pensamiento más benévolo, que no debiéramos olvidar jamás, el crucial de aquel día, podría salvarnos de la tristeza del momento. Gracias al recuerdo más sentido, la magia de esta realidad no tiene límites, y con este tipo de apreciaciones y modos de preservar los momentos intensos, el ser humano recobra parte de su felicidad cuando se encuentra triste y escarba en sus emociones más sentidas cuando no encuentra sentido a la vida. El camino es en sí la felicidad, eso es lo que verdaderamente podemos llegar a pensar, y el tiempo es, por el contrario, el sinsentido de esa misma felicidad que siente una cosa en una hora y algo muy diferente en otra. Y sin embargo, no son solo las horas las que retrasan el pensamiento de la felicidad móvil y las que balancean el sentido de la existencia transitoria, sino que frente a ellas, como una suma de diferentes partículas que completan la circunferencia del tiempo, surgen los días, con sus luces y sus sombras, que se presentan con sus dilemas cambiantes, como escenas de una biografía que son la misma para cada uno, en el fondo de un abismo incomprendido que parece que es diferente porque así se siente incluso en sus más insignificantes detalles. Los matices de la contradicción son elementales. Por la mañana es lo que es, mientras parece que se podría ser otro. Entonces ¿qué día será mañana?, podríamos preguntarnos. “No lo sé, porque sería preciso estar allí para saberlo”, nos volvería a decir el poeta que se enfrenta a su destino. Pero hoy, cuando ese mañana no importa tanto como se creía, nadie sabrá cómo será y solo se podrá esperar que reviva en su propia riqueza o viva, sin más, en su exasperante insignificancia. En los matices de la contradicción vuelven a volcarse los detalles de una existencia que no puede vivirse hasta que llegue, que no puede sentirse antes, que no puede conocerse, aun hablando de ese momento en un tipo presente. “Espero que mis compatriotas y la historia me muestren como un demócrata, un hombre abierto al pluralismo, impulsor de la justicia social y defensor de los derechos humanos”, nos dejó dicho, frente a la trágica sinceridad del poeta, a modo de confesión, el político. Y sin embargo, sea la realidad vista a través de unos ojos transparentes o sea invocada por una sensación lúcida ante el poder del tiempo, lo que se espera no tiene una definición única en lo que pensamos que podría ser el futuro cuando en el presente el ser humano no asume la pérdida, incluso el olvido, acaso la mentira o el perdón, y cómo no, todas esas confesiones íntimas que perviven en uno y se salvan gracias a nuestra manera de entender el mundo y, con él, a nuestra manera de celebrar los hallazgos y asumir nuestros errores. Hablar de victorias no tiene sentido, pues la única que vence es la vida con todas sus contradicciones.