La poesía si es que existe

Para escribir poesía

Como la vida se confunde con la literatura en la mano del autor, el poeta debe partir del vacío absoluto, ver cómo fluyen los sentidos, cómo se descubren los sentimientos y hablarle a la vida como si la muerte le persiguiera a todas horas.

Un poeta puede trabajar como funcionario, pero este jamás será un poeta. La diferencia estriba en lo que escribe y piensa, en lo que publica y para quién. Al final deberá elegir entre una cosa y otra.Y puede que la decisión no sea afortunada.

Existen poetas que publican y otros que no. Poetas que venden sus obras y otros que se venden con ellas. Poetas que parecen embajadores de la palabra, poetas que son ellos mismos embajadores.

¿Que la situación de la poesía es triste? Más triste sería si los poetas se callasen después de haber dicho lo esencial. Solo es triste porque en los libros se confunde poesía con otras cosas, y unos y otros, poetas y lectores, terminan creyéndoselo.

El fenómeno de la poesía hermética es una respuesta a la poesía inexpresiva de muchos poetas. El hermetismo es como la ingenuidad en poesía, un estilo terrible, un cauce y un remolino a la vez. Si un poeta dice “yo tampoco entiendo mis poemas”, no quiere decir que no sepa lo que quiera comunicar. Si lo dice es porque sus poemas responden a una cuestión vital que madurará en un tono oscuro o claro según el camino trazado por el poeta.

Un poeta me dijo: “yo no escribo, no puedo y lloro”. Supe que desde ese momento había muerto el poeta y seguía creciendo el pobre hombre que era. Los poetas mimados y ensimismados con otras cosas: sus mujeres, sus amigos, sus compañeros de trabajo.

El silencio en la poesía es arte. El silencio es conceder a lo inverosímil su volumen.

Desconfiad de aquellos poetas que cada día tienen una novia, amigos diferentes cada día, poetas nuevos que admiran cada día. Como la moda en el arte, estos poetas no inciden en su escritura ni personalidad poética, creen en su belleza despótica, su firma y su verborrea insípida. Desconfiad de los que van con el “yo” por delante, con su nerviosismo pedante, desconfiad porque son capaces de plagiar al mismo demonio.

La ilusión en poesía no es igual a la ilusión poética. La ilusión primera es ver a la locura tras de ti y sentir su aliento cuando huyes. La ilusión poética es creer que le has dado esquinazo.

Para escribir poesía es preferible hacerlo con ruido después de haber fregado los platos. Las manos firmes y el silencio buscando sus propios espacios.

La poesía es el fondo de la escritura. El abismo de la creación. La poesía no es una forma de escribir e interpretar la vida. La poesía es una forma de vida que reaparece entre las cosas y el sentimiento.

El silencio, la euforia del triste sentimiento, la resaca de un vacío de golpe en la nada distante. El lado oscuro de la poesía es beberse todo el vino en una noche y saber que el agua te lavará los dientes el resto de los días.

El hombre que no sabe dónde está el límite de lo que escribe, la verdad de lo que habla, es porque se miente o tiene miedo.

Un mentiroso patológico no puede ser un poeta. Al principio engañará a lectores, críticos y poetas, pero más tarde comenzarán a aflorar sus harapos y medias verdades.

La poesía entre los poetas es creer en uno, hablar de uno, olvidar a los otros, copiarlos con disimulo. Ante muy pocos se reconoce el valor de la palabra y el legado de los desconocidos.

Para escribir poesía existe el vacío como un único referente. T. dice que la forma es muy importante. C. se ríe e I. habla de un nuevo lenguaje que está en la calle. En esos momentos suelo concentrar mi vista en mis manos, cerrar los ojos y sentirme un hombre solo.

La poesía es una droga, sí, pero en la boca. Si algún día no tienes una reflexión poética, un pensamiento poético, ése puede ser un buen día.

Después de caminar largo tiempo se llega a un paisaje donde uno recurre a la calma. En la poesía es preferible ser un mudo, alguien que no habla por los codos, un ciego que nunca cierra los ojos, un sordo que pesa el ruido con su mente.

En el sueño la poesía no existe, en la muerte no trasciende, en el pensamiento se agota, en la sensación se endurece, en el final se silencia.

Para escribir poesía después de un paréntesis interior terrible hay que abandonarlo todo. La poesía llegará más tarde.

El poeta que escribe otras cosas debe tener mucho cuidado y apartar a la poesía de su escritorio. Con unas cuantas gotas es suficiente.

Para escribir no es necesario haber sufrido. El sufrimiento es una sensación que traiciona a la poesía. El poeta debe tener los ojos abiertos y una sensación irresponsable sobre las cosas. Mas el pulso, firme.

Necesario en la literatura y en la vida, en poesía el humor puede resultar una trampa: un poema irónico, uno caótico, un poema bruto, una estrofa cómica, variantes literarias de un ejercicio de estilo. El humor debe ser circunstancial cuando conscientes nos reímos de nosotros.

Lo que debe hacer un poeta es escribir poemas y si nadie los entiende, plantearse su rareza y autenticidad.

El problema de no saber si vas a dibujar un paisaje o un desnudo es el mismo que depara el humor consciente. ¿Sirve el humor para reírse de la situación o solo rebaja las penas con unas gotas de ironía y tristeza aguda? El humor en la literatura es un problema de tono.

El humor, como el erotismo, es un arma de doble filo. En poesía el erotismo es ambiguo y el humor contradictorio. El poema, heterogéneo por excelencia, puede fundir el humor en su realidad intrínseca con una gota de reivindicación crítica.

Para crear poesía hay que subirse a la copa de un árbol y estarse quieto mirando el horizonte de vez en cuando.

El lenguaje, la voluntad del poeta, el lector que va tras él, la realidad, lo que nos cuenta, lo que tampoco nos cuenta, lo que dice y no dice, el ritmo o la música, la música y el ritmo, las diferentes asociaciones, las muchas o pocas metáforas, las imágenes, lo que nos duele, lo que nos extraña, lo que nos identifica y concierne, la duda, lo que nos confunde, todas las cosas que tú no ves y todas las cosas que tú tienes en un poema.

KM 2005

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