Bassarai, Vitoria-Gasteiz, 2005
Poemas de Kepa Murua y dibujos e ilustraciones de Alfredo Fermín Cemillán, Mintxo.
ISBN 978-84-89852-68-6
112 págs.

Una ciudad es un espacio. Una ciudad es una historia. Una ciudad se despliega en plazas o se cierra en callejones. Una ciudad son sus cielos, el viento que moldea sus esquinas, el río que la ciñe o atraviesa.

Una ciudad son también sus habitantes. Unos nacieron en ella y corrieron desde niños por sus calles, uniendo a cada fuente, a cada casa, a cada esquina, vivencias que más tarde se convirtieron en recuerdos. Y éstos dieron sentido a una geografía.

Pero una ciudad es también el viajero que llega para quedarse. Si extranjero es aquel cuya mirada rehuye el horizonte, caminante es quien sabe que el viaje interior es la meta. A diferencia de aquél, éste posa sus ojos en la realidad para descubrirse en cada objeto que alumbra, en cada gesto que atrapa, en cada paso que da.

Una ciudad son también las injusticias, el dolor o la tristeza. La luz de la belleza se oscurece entonces ante la negra violencia de una experiencia colectiva.

Como si de un collage se tratara, Kepa Murua ha dado forma en Los poemas del caminante a un libro que retrata una llegada y un deslumbramiento. De la mano del autor, el lector caminará por calles que conoce y hará suyos los guiños que se encierran en sus páginas, mientras suavemente va adivinando, sin darse casi cuenta, la intimidad agazapada.

Entonces el juego no habrá hecho más que comenzar. El espacio evidente dará paso a la sutil leyenda que tras él se esconde.

Alfredo Fermín Cemillán «Mintxo» es un pintor de gran fuerza figurativa cuyas obras irradian una vigorosa profundidad. Cuando dibuja una forma humana, los ojos del espectador no sólo ven los trazos y colores, sino también los sentimientos más ocultos de esa persona que contempla, esas emociones que le recuerdan el eco cercano de los latidos de su corazón.

A través de las páginas de Poemas del caminante vemos al poeta y al pintor, al pintor y al poeta, compartir una meta común: convertir en obra de arte cosas tan simples como preguntar por el nombre de una calle, contemplar el silencio de la nieve, escuchar el cielo de la tarde o acechar con la mirada una puerta a medio abrir.

Una ciudad estrenada ofrece sus secretos a quien se propone descubrirla. Un escritor tiende la mano a su lector para caminar. Un pintor saca sus pinceles a la calle para dibujar los sueños de los tres. Un libro de poemas puede unir a todos en sus páginas. Juntos comprenderemos que los cuerpos, el viento, la niebla o las esquinas son recuerdos en espejo: aunque los pasos de cada hombre marcan siempre caminos diferentes, las huellas van trazando una senda común.