Kepa Murua, El gato negro del amor

El Imparcial, enero 2012, por Francisco Estévez

La independencia literaria de Kepa Murua queda registrada en el sintomático hecho de ser vascohablante y escribir su obra en español, a excepción de un par de libros bilingües en los que figura como coautor: Flysch e Itxina. No es gratuito señalar el rasgo de independencia, íntimamente asociado al concepto de periferia, de este escritor. Nuestro sistema literario, y en especial la poesía, padece la miseria de un centralismo de escuela, capilla y editorial que orilla a su periferia autores de valía. Algunos de ellos hacen de la necesidad virtud al convertir su independencia en una forma de aventura lingüística de interesante lectura. En nuestro poeta vasco tal situación se asume como una forma de estar en el mundo y de concebirse como poeta. Para indicar la talla del autor baste señalar de sus anteriores libros Siempre conté diez y nunca apareciste, texto con el cual ganó visibilidad en ámbito nacional y que forma junto a Cavando la tierra con tus sueños y Cardiolemas, una interesante trilogía o los poemarios La poesía y tú (2003) y Las manos en alto (2004).

En El gato negro del amor, el amor y sus diversas tonalidades y calibres son la veta central del libro, tema ya frecuentado por el autor y trabado con acierto en poemas aislados de antiguos poemarios suyos como en No es nada (2006) o de forma más global en Lo que la manos intuyen (2005). El poema íncipit de este último libro, “El nombre de mi vida”, muestra a las claras la búsqueda “como poeta y como hombre” que representa la poesía para la voz poética. En efecto, hay en esta poesía una fase de conocimiento y una posterior de reconocimiento del mundo y de ser en el mundo, una forma de habitarlo, de hacer vivible una realidad dura o delicada, través de la palabra.

Los poemas plantean una ausencia de efectismo y cierto rebajamiento del patetismo, en un asunto que favorece la inclinación a la hipérbole. Ello beneficia una búsqueda de lo esencial a través de un tono más reposado y sereno en el decir y en el mirar. Como bien ocurre en otros libros suyos, el uso del lenguaje sencillo (distinto del simple) y aparentemente narrativo no rehuye la construcción de imágenes de gran poder hipnótico. Queda así el texto veteado por matices líricos con eficacia propia del poeta que se atreve a observar y decir con esa “belleza que mira para adentro”.

La fragilidad del hombre ante el insondable sentimiento amoroso y las contradicciones de este sentimiento complejo por multiforme y cambiante viene simbolizado y concentrado en la figura múltiple del gato, recordando el olvido, la esperanza, el silencio y otros dolores, misterios y vértigos en que nos cierne el amor. Poemas como “Tenerla”, de buena estirpe lopesca en su adjetivación, “Me pregunto”, “La poesía en el amor” o el vibrante y sentencioso “Mi padre”, de gran factura, permiten recordar de un plumazo el poder terapéutico de la poesía.
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0 respuestas a «Kepa Murua, El gato negro del amor»

  1. Hola, poeta, un honor leerte.
    Ahora que me estoy desprendiendo de todos mis libros, y decidido no comprar más, por cuestiones de supervivencia, te he escuchado en alguno de tus versos de el gato negro del amor, por radio, y voy a comprarlo. Por supervivencia.

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