Siempre quise escribir un libro así, amplio, con más de doscientos poemas, con múltiples registros, con poemas breves y extensos, con poemas líricos, narrativos, expresionistas, simbólicos, que recurren a la memoria, a la biografía, a la instantánea, al tiempo.

Una de las referencias ineludibles para entender el poemario es el tiempo que pasa y que nos hace más viejos, más sabios, maduros o inteligentes, ante los avatares de la existencia. De ahí nacen los episodios más críticos, más hondos, más dolorosos que nos marcan la vida, y de ahí el título escogido, un “no es nada” que sirve para atenuar el dolor, para suavizar la pena.

El poemario comienza con un  poema titulado “La última palabra” y acaba con otro titulado “Todavía”. “La última palabra” habla del cuerpo, del pensamiento, la última palabra antes de la muerte, la de la vida que pronuncias y la del amor que callas para siempre. Y ese “todavía” repite esa palabra como un “aún” que persiste en todos los ámbitos para seguir viviendo el destino de cada uno, pese a todo.

Creo que en estos dos poemas, el que abre y el que cierra el poemario, aparecen los temas que se muestran en el libro: el cuerpo del hombre y de la mujer con toda su carga de atracción y erotismo, el pensamiento que aparece en torno a la vida de cada uno, la muerte inevitable que nos espera a todos a la vuelta de la esquina, la vida que vivimos y el amor que perseguimos o el desamor en que convivimos. No obstante, ese “todavía”, ese “aún” último, llama a la esperanza en todos estos registros y obsesiones.

Se ha dicho que No es nada es un libro de dolor, y es cierto, pero también es un libro de esperanzas y alegrías. Se ha dicho que es triste, pero ante todo es un libro de contrastes, donde se puede encontrar la alegría, la inocencia, la risa, porque en este libro me río de mí mismo, me río de un Kepa Murua, que sabe que las cosas que hace o escribe pierden y ganan trascendencia a la vez. Como digo es un libro de contrastes, de luces y sombras, de retratos serenos y desequilibrados, de paisajes humanos y oscuros, de gente que vive en la violencia y otros que lo hacen en la paz, de gente que ama y se desenamora, de vivos y muertos a los que doy voz para que no se les olvide.

Se habla de la pasión de los amantes, de las preguntas sin respuesta, de la vida sin prisa, de las cicatrices, pero también se habla de libros, de amigos, de disculpas, del color del invierno o el color del paisaje. Si tuviera que elegir un color para definir el libro, elegiría el azul. El azul del cielo, del mar, de los ojos claros y transparentes, de la memoria, en poemas como “El azul no tiene fondo”, “La playa azul” o “El azul más azul”.

Pero si tuviera que buscar una palabra o una frase que resumiera el libro volvería al título, ese No es nada que nos salva o nos redime de los momentos sentidos para volver con fuerzas a la existencia cotidiana. Esas palabras, las del “no” y las de “nada” que conjugan, como variaciones sistemáticas de un mismo tono, diferentes poemas que se convierten en un todo filosófico más amplio: “Nada en el abrazo”, “No es nada”, “Hacia la nada”, “Siempre es nada”, “Otros son nada”, “Nada es lo que parece”, “No”, “Nunca es nada”, “Como si nada”. Todos ellos como notas de un bajo continuo, con su propia personalidad, que descubre una sinfonía del dolor y la alegría de la gente, del tiempo de una generación que se hace adulta con las palabras que se dicen y se convierten en una confesión pública que busca la verdad a través de la poesía, pese a todas las mentiras que se pudieron decir algún día.

Quizá por ello me he permitido la licencia de reírme de la verdad que hay detrás de mí y mostrar a un Kepa Murua más tierno, más relajado, menos  indiferente a los estragos de mi propia biografía que en otros libros. Hay una verdad de otros, debería decir de todos, porque también hay una verdad de Kepa Murua, a quien nombro con nombre y apellidos en varios poemas y autorretratos, algo que aparecía  en mis anteriores libros como Un lugar por nosotros, y que ahora en No es nada se muestra de un modo más claro y transparente con poemas sencillos, de corte clásico, apto para todas las edades, ideas y sensibilidades.

Si tuviera que decir algo más sobre el libro me gustaría terminar diciendo que aquel que lo lea podrá encontrar a un poeta nuevo, y si por el contrario, antes me hubiera leído, podría encontrar a un poeta diferente que en el fondo sigue siendo el mismo. A estas alturas he llegado a un punto en que no tengo ganas de engañar a nadie, ni a mí, ni a los lectores de mis libros.

Km, abril 2008.