Diario de Noticias de Gipuzkoa, noviembre 2009

Itxina abrió la senda en 2004. Flysch siguió sus pasos dos años después. Faber ha venido a cerrar el recorrido. Kepa Murua y José María Álvarez han vuelto a unir palabras y fotografías para completar su aventura visual y poética.

Todo lo que empieza tiene un final. Es una regla que no por repetirse mucho deja de ser real. Las palabras de Kepa Murua y las imágenes de José María Álvarez Fernández también iniciaron una relación hace años. Una conversación fructífera que tuvo su primera plasmación en Itxina, que siguió desarrollándose en Flysch y que termina ahora con la publicación de Faber, todos ellos bajo el sello de Bassarai.

Los tres forman un todo pero también cada uno tiene su propia vida, su escenario y su mensaje. Una trilogía en la que perderse, que mira a la naturaleza con la poesía y la fotografía para retratar y hablar del paisaje, ya sea terrenal o humano.

Sus dos predecesores han contado con un éxito más que apreciable, así que es de suponer que el último en llegar siga la misma senda. Y es que ninguno son libros para esconder en la biblioteca de casa entre otros títulos olvidados. Son experiencias para tener siempre presentes y sobre las que poder volver en cualquier momento.

Desde el cariño y la ternura, según describe el propio Murua, Faber mira al interior del ser humano a través del paisaje. En las instantáneas sólo hay naturaleza. En las palabras, una poesía detenida y reflexiva. En el conjunto se encuentra la intención de que el lector y espectador se detenga en el tiempo para reflexionar, a raíz de lo que ve y lo que lee, sobre su propia vida.

«La belleza está muchas veces donde no pensamos. Puede encontrarse en una ruina, en un ramaje, en un puente o en una esquina de la calle. No tiene que ser esa belleza con mayúsculas. La podemos encontrar en lo cotidiano. Lo que pasa es que muchas veces nos olvidamos de ella porque estamos en ese estrés diario que nos impide parar. De eso habla Faber», describe el editor y escritor de Zarautz afincado en Gasteiz.

Poeta y fotógrafo entablan diálogo, una conversación abierta a las aportaciones del que tenga este trabajo entre las manos. No es la primera vez, y seguro que tampoco la última, en la que Murua colabora con otros. Es de su gusto porque ello le obliga a salir de su yo y buscar una voz diferente. Así recarga fuerzas y libera la mente para regresar a la soledad del autor y seguir camino (ya está con un nuevo proyecto entre las manos, otra vez en solitario, que verá la luz en 2010).

Con Álvarez Fernández son unos cuantos años, como dice el poeta y editor, de juego. Hay veces en las que se suelta alguna palabra más alta que la otra (siempre desde el respeto humano y creativo), pero es en esa vorágine donde ambos se han divertido. «En el hecho de cerrar la trilogía claro que hay nostalgia, pero también un gran sentimiento de liberación», confiesa.
El resultado es un libro-objeto bien cuidado y presentado. Un regalo, «un goce estético, espero». Eso sí, tiene trampa. Exige pensar un poco en cada uno y eso es algo que, en los tiempos que corren, no está de moda. «Existe mucho ruido en el mundo. Yo hago una apuesta diferente, por el silencio, por lo intimista… también tengo libros sociales, eso no lo quiero olvidar, pero quiero apostar por el ser humano, por el individuo con sus contradicciones y sus bondades; cuanto más avanzamos en la vida igual no nos hacemos más sabios, pero sí más contemplativos», apunta Murua.
En un sector literario que por momentos parece moverse sólo por el marketing de fáciles argumentos y premios con mucho bombo pero ya sin prestigio ni criterio, trabajos como Faber se convierten en un oasis que busca a un lector cualquiera, sin exigir, como sí lo hacen otros, pedigrí. «Mucha gente se sorprendería si conociera los lectores tan diferentes que hemos tenido con Itxina y Flysch; las motivaciones son muy diferentes. Títulos como Faber son publicaciones que llaman la atención» apunta el escritor, quien tiene claro que también los libros «reflejan parte de la personalidad» de quien es su propietario.

Lo estético y el contenido se funden en esta tercera entrega. Todo está medido para que parezca que no es premeditado. Ahora que las nuevas tecnologías amenazan cada vez de forma más seria la supervivencia del papel, títulos como Faber son objetos que llaman la atención. Es difícil imaginar que en un futuro próximo todo ello se vea sobre una pantalla.
Todo llegará. O no. Quién sabe. De momento, este nuevo libro espera al público. Entre sus páginas se esconden muchos mensajes y momentos. Tal vez en el futuro, Kepa Murua y José María Álvarez vuelvan a encontrarse en otro proyecto. O no. Quién sabe

Carlos González.
Diario de Noticias de Gipuzkoa