El País, octubre  2004

Las correspondencias y discursos coincidentes entre las distintas artes han sido moneda corriente en la creación literaria. Existen correspondencias, cuando dos creadores dialogan, cuando una artista, en el caso que comentamos el fotógrafo José María Álvarez, pone un arte, y en paralelo, la poesía de Kepa Murua recorre el discurso fotográfico, para recrear un mundo, el del libro de arte Itxina, paisajes de luz. Un arte no se convierte en otro, sino que le acompaña, la poesía no se transmuta en fotografía, sino que surge a partir de la ensoñación de la imagen. la fotografía se revela como pretexto para que surja la poesía.

Me toca comentar aquí la nueva aportación poética de Kepa Murua. Si la fotografía atrapa la luz, la palabra poética se encarga de concretar la materia de la luz, trasmutándola en esencia de la visión. Kepa Murua se ha adentrado en un espacio distinto al que ha realizado hasta ahora: desde los temas urbanos a la mirada sobre la naturaleza, pero se siguen manteniendo las constantes de una forma creativa en estos poemas en prosa. Su discurso se realiza desde e el irracionalismo poético con elementos retóricos impuestos por el tema: personificaciones de la naturaleza, un tono que va desde la descripción a la interpretación, juegos conceptuales, unión de sensaciones, conceptos… Pero una unidad temática da cuerpo al discurso. El libro comienza con “ Y el paisaje atraviesa la vida con la agonía del recuerdo”, frase que mantiene la tensión expresionista que se ha convertido en la seña más importante de este esta poesía. Desde ahí avanza hasta otro punto final en que “el paisaje del cielo atrae a las almas en su descanso”.

Jon Kortazar