Mineralidad expresiva

Boletín de ficciones, Otoño 2000

Kepa Murua, que publicó el año pasado Siempre conté diez y nunca apareciste, presentó en la última Feria del Libro otra entrega poética titulada Un lugar por nosotros. Un lugar por nosotros va precedido de un prólogo de Rafael Coloma que cumple, como todos los prólogos, dos funciones: desarrollar un elogio de lo prolongado y apuntar lo que se consideran las principales claves para su compresión. En persecución de este último objetivo, Coloma utiliza expresiones como “rotunda radicalidad”, “mineralidad expresiva” y “poesía sincera -y por tanto subversiva-, de un estoicismo muy particular, de luces y sombras”, expresiones que dan fe, seguramente, de lo difícil que resulta clasificar a este poeta en cuya obra se recogen ecos distintos, encauzados a la consecución de una síntesis personal.

Como en un estuario en el que confluyeran varias corrientes vienen a parar a este espacio del libro (es espacio imaginario del nosotros) el tono íntimo de la lírica y un doliente afán de describir, incluso narrar, el mundo humano en el que participa el yo, visto a través de una imaginación gravada por una herencia existencial muy europea e invadida por notas de un cauto surrealismo.

Kepa Murua se esfuerza por lograr una poesía difícil, sin demasiadas concesiones a la sonoridad. En ella lo inexplicable se aclara hasta formar un dibujo o una escena, y en esa escena los elementos particulares pueden estar bastante definidos, pero a menudo el conjunto es demasiado enigmático, como si se quisiera alcanzar algo que está más allá. Para ello, recurre el autor a exacerbar la ambigüedad propia de todo lenguaje poético. Quizás por este lado toquemos con alguna de las limitaciones del libro, pero también con la fuerza de un empeño que toca la extrañeza de una trágica y absurda cotidianidad.
M.M.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *