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Escritor

Ho visto un volto fasciato per il dolore

 “He visto un rostro vendado por el dolor”, poema de Siempre conté diez y nunca apareciste y traducido al italiano en el libro Ho contato sempre fino a dieci e mai sei apparsa.

Monstruos aseados a la salida de la cárcel

Poema de “Siempre conté diez y nunca apareciste”, y la edición del libro en italiano: “Ho contato sempre fino a dieci e mai sei apparsa”.



Accarezzami le palpebre

El poema “Acaríciame los párpados” en la edición italiana de “Siempre conté diez y nunca apareciste”, Empiria Casa Editora.

La gota

Cuento publicado en Relatos solidarios por nuestros mares. AA.VV. (Antología de un sociedad literaria). Gesernet S.L. 2022.

Una página de La gota.

El íntimo caos

Revista “Proverso”, 17 de noviembre de 2022.

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Los sucesos vividos nos sirven para interpretar la sociedad y el mundo que nos rodea. La historia tiene su lenguaje, su interpretación y, a veces, su oscuro misterio si se prolonga como una metáfora o un tópico que nos define y arrastra con el paso del tiempo. Tiene pese a todo sus sombras y sus luces. La más cercana puede resultar peligrosa si no podemos reconocer con ella a nuestros semejantes, y la más lejana, la que se olvida antes, puede que quede como un pretexto de la memoria colectiva que desde el origen se confunde con la locura de nuestro tiempo. Pero la historia, variable y cambiante por momentos, con mil sucesos distintos y desconocidos en su devenir, termina repitiéndose. Lees los sucesos de antaño y porque son otros los protagonistas crees que la historia no te pertenece. Analizas las fotografías de un viejo álbum familiar y parece que el tiempo se ha detenido. Juzgas las distintas interpretaciones que se hacían de las noticias del momento y constatas que aquel hombre se equivocaba con su premonición ante un futuro incierto, como te equivocarías tú si te atrevieses a encerrar en una sola frase la frágil realidad que te rodea en vida. Así es el desafío de la historia: nos exige retratarnos como hijos de nuestro tiempo, pero sin que apenas seamos conscientes del ligero desplazamiento al que fuimos sometidos, nos separa del pasado y nos impide ver con claridad el futuro. La historia es traicionera y le gusta jugar con el hombre. Las pasiones, los sentimientos, las sensaciones no han cambiado. La ira se siente como antes, la soledad es la misma, la verdad y la mentira adquieren por momentos otro significado, y como el infierno ya no existe y la confusión es eterna, nadie se reconoce ahora en los hechos que impulsaron la historia reciente. La dificultad de interpretar con calma las sensaciones contradictorias que nos invaden cuando sometemos el pensamiento a una única idea nos lleva a creer que vivimos tiempos nuevos y sorprendentes, cuando en realidad solo cambia el íntimo caos del envoltorio. La historia existe en nuestros errores y convive con nosotros cuando creemos que no existe. Se repite y se aparece a menudo, pero con un disfraz diferente parece que nunca la hemos visto antes. Como la poesía, agazapada y confundida con el entorno, se descubre cuando menos te la esperas, riéndose de la inteligencia que la vida guarda en nosotros.

© De la imagen: Jutta Koeher, 2007.

Radicales

Artículo en «El Corredor Mediterráneo», 9 de noviembre de 2022, nº 1017.

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Sin creerse del todo lo que sucede, los radicales han ganado finalmente la partida. Y en el fondo viven con una alegría mal disimulada y una sonrisa permanente en la cara porque son conscientes de que hoy todo el mundo se ha convertido en un radical en potencia, aunque se disfrace de otros colores ideológicos. ¿Y cómo se ha llegado a esta situación donde los tonos y matices se dividen para siempre en blanco y en negro? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero lo que es evidente para los radicales es que hasta el enemigo se ha convencido de la bondad y la generosidad de la radicalidad en sus gestos más extraños. Porque a los radicales, en el fondo, pese a que todavía no asumen esta nueva realidad donde cualquiera es más radical que el otro, les es indiferente quien gobierne o mande.

¡Quién les iba a decir hace una década que los que ostentan el poder se convertirían en unos radicales como los que lo buscan a cualquier precio! ¡Quién que los poderes periféricos abandonasen sus posturas comedidas para radicalizarse hasta el extremo con sus reivindicaciones locales! ¡Quién que los más radicales serían aquellos que se mantienen a cualquier precio por defender a capa y espada sus privilegios! Viendo cómo todo el mundo se convierte al radicalismo, los radicales más puros solo sienten lástima por los necios. Esos que iban para radicales hasta que llegara el momento de decir basta y son, a ojos vistas, auténticas comparsas de una sociedad radicalizada tanto en el mundo de las palabras como en el de los gestos.

Todo empezó en el mundo de las ideas. Uno tiene una idea y respeta, eso dice, la del otro, pero a la hora de defenderla se arma de una loca dignidad que hace temblar las barreras del silencio. Y el otro, como contrataque de ese atropello, recurre a levantar la voz y golpear la mesa. Una vez que cae, todos enfadados llaman a gritos a los necios para que recojan los vasos y las botellas rotas. De la radicalidad de las barricadas se ha pasado a la radicalidad de los salones donde unos barren para casa y otros guardan la escoba hasta que llegue la mujer de la limpieza. A esta hace años se la llamaba justicia, pero desde que los radicales han perdido su norte, que es como decir que han abandonado el monte, ahora cualquiera es capaz de hacerse pasar por lo que sea, con tal de defender con pasión extrema las ideas más conservadoras o más liberales.

¡Quién me iba a decir a mí, que iba para radical, que me convertiría en un observador indiferente en medio de la calle! Y, ¡quién te iba a decir a ti que ibas para necio, que te convertirías en el más inteligente! Perdona, quería decir otra cosa: quién nos iba a decir a nosotros que los radicales iban a contaminarlo todo. Hasta esa pasión que defiende las ideas más locas o las más bellas.

Manos

Porque tienen cicatrices
cuando la vida pasa
y sin darse cuenta pisa
sus heridas abiertas
las manos duelen.

*****

Callar un sentimiento es matar
un hombre. Acabar con un sueño
es la muerte itinerante
jugando a la ruleta despacio.
Los que nunca hemos tenido
una pistola en las manos
sabemos lo que se siente
cuando no tienes a nadie.

*****

(Fragmentos de Las manos en alto).

El gato negro del olvido

Puedes olvidar un verso
un poema que te ronda por la cabeza
pero que no se te olvide
lo que perdiste por vanidad y orgullo.
Puedes olvidar las llaves de la casa
tu nombre si acaso
pero que no se te olvide
lo que puedes recordar
como si fuera la última oportunidad
algo que es tuyo.
Puedes olvidar su nombre por odio
rencor o venganza,
pero que no se te olvide
que si lloras en silencio
lo haces solo.
Puedes olvidar su voz,
su gesto, su piel y sus caricias.
Pero que no se te olvide
que su cuerpo se te aparecerá
en sueños algún día
como una ilusión perdida a lo lejos.
Puedes olvidar que la quisiste
o la deseaste como un regalo divino.
Pero que no se te olvide
responder a la memoria
con uno de sus infalibles trucos.
Que no se te olvide
por más que en la apuesta pierdas la cabeza:
el amor que fue tuyo un segundo
más importante que toda la existencia.

© Kepa Murua: El gato negro del amor
© De la fotografía: Roberto Fernández Ibáñez

Dos puertas

Tiene el amor dos puertas:
una que se abre cuando no se dice nada
y otra que se cierra
cuando se escucha lo que se calla.
Dos puertas en silencio:
una con sombra en medio del sol,
otra con luz bajo la luna
redonda y clarividente.
¿Cuál de ellas será la de tu casa?
¿Cuál de ellas cuando dices que amas,
pero al mismo tiempo lo niegas?
¿Cuál cuando no perdonas?

© Del libro Pastel de nirvana.
© De la fotografía: Paola Scagliotti, 2022.

Palabras tiene el arte

Revista “Proverso”, 21 de octubre de 2022.

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Palabras tiene el arte cargadas de poesía. Palabras para explicarse, para dudar. Palabras para incluir en sus cuadros y esculturas, palabras para mantener la atención en sus exposiciones. La palabra como signo o símbolo que trasciende su propio significado. El arte necesita de las palabras y ellas mismas forman un diálogo permanente entre el artista y el espectador. Palabras huecas que cuelgan en la nada. Palabras repetidas que desgastan lo que pretenden. Palabras en desuso que congelan la memoria. Palabras que son decoración y rutina, palabras que se muestran intermitentes en el cerebro del hombre cuando muestra a sus semejantes lo que es el arte ante la vida. Palabras que representan nombres de la vida en sociedad, nombres del arte, términos que definen un mapa confuso donde el artista pretende fijar nuestra atención mediante matices diferentes.

Pero la palabra final recurre a la poesía para explicarse. No sirven las palabras taxativas, no sirve el lenitivo, no sirve el imperativo para explicar el arte. Sirve el lirismo que lo abarca todo. Cuando el arte muere renace con la poesía. En su contemplación medita con el entorno. Con su evolución habla de la vida. Porque el arte no puede con las palabras que destrozan la existencia, mientras la poesía cubre su intemperie.

© Xabin Egaña. Sin título (Serie 7 Ekaitzak), 1992.
Óleo sobre tela, 185 x 185 cm.

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