El escuchador

Fragmento. Tomo I

Mientras alguno de mis amigos me llama para despedirse, pues marchan de vacaciones, paso la mañana analizando las webs y los links correspondientes a las ayudas y promoción de empresas, así como a las del autoempleo de las instituciones locales, provinciales o europeas. Días antes analicé con detenimiento este mundo en el Servicio de empleo. La desilusión es tremenda, pero apunto dos referencias que me podrían servir en el futuro: el posible abono a las cuotas de la seguridad social por parte de la oficina de empleo y las ayudas a las empresas o pymes. Solicito información en el campo del empleo y el emprendizaje –vaya palabra de marras– al municipio, a una empresa consultora, y a la U.E. Uno lee en la prensa que se destinan millones a estas cuestiones, pero luego ve cómo no puede acceder a ese tipo de ayudas porque no cumple con los requisitos necesarios o porque no existen las ayudas que se dice que existen o porque, por una vez que existen, su posible solicitud está fuera de plazo. Me sucedió otro tanto cuando era autónomo y veía cómo se cerraba mi ciclo laboral de veinte años. Me pasó otro tanto cuando los políticos nos prometieron a los autónomos que íbamos a cobrar el subsidio de desempleo. ¿Alguien en este país tan olvidadizo se acuerda todavía hoy del ineficaz y pasmado ministro socialista, Caldera, que nos envió una carta en la que nos prometía estas cosas? Qué recuerdos, extraños y confusos a la vez. Pero para que quede constancia de una mañana a mi juicio perdida, escribo a la funcionaria del Servicio de empleo –o desempleo–, que fue la única que me respondió cuando el resto de sus compañeros se pasaban la pelota –mi pelota– unos a otros: “Querida amiga. Muchas gracias por tu respuesta. Como os escribí en una primera instancia tengo en mente el proyecto de una empresa en el ámbito cultural, por lo que me gustaría conocer las ayudas existentes, tanto de la UE como del Servicio de empleo o de las instituciones locales o nacionales, por ejemplo para los autónomos y creadores de pequeñas empresas, con el fin de costear la primera fase de la inversión del proyecto hasta que pueda implantarse en el mercado laboral. Analizada la información enviada observo que no existen ayudas por el momento, por lo que te agradecería que me informaras de las novedades que se produzcan en este campo o me facilitaras las direcciones de contacto de los responsables para solicitar una cita. A la espera de tu respuesta, recibe un saludo cordial”. Es tal el callejón sin salida, tan fuerte la soledad, que me hubiera gustado escribir una carta distinta, de amor por ejemplo, aunque fuera a una mujer desconocida; pero es lo que hay. Maslow tenía razón: “la prioridad es fundamental cuando no se tienen asegurados las necesidades básicas. Cuando la persona logra satisfacer las necesidades inferiores aparecen gradualmente las superiores y con ello la motivación para satisfacerlas”. Deberé concentrarme en la alimentación, en la ropa y en los gastos básicos de la casa, quizá algún día llegue a otros estados en los que la creatividad o el amor tengan su razón de ser. Por la tarde, cambio de guion: reunión de vecinos en el portal. Nos conocemos y pronto llegan los acuerdos. Uno diferente, novedoso, es el de comprar la pintura para que los vecinos nos encarguemos de pintar el portal y las escaleras, pues, si no fuera así, dice el administrador, el coste de la mano de obra podría superar el presupuesto del que dispone la comunidad. Los vecinos hablan de los morosos en otros portales; aún no nos ha tocado esta realidad, aunque muchos de nosotros no tenemos un empleo fijo o remunerado. En el resto de las casas del inmueble sospecho que uno de los dos al menos trabaja, puedo que el marido o puede que la esposa; en mi caso estoy tan solo que no sé si podré aguantar más tiempo. En los escalones más altos de la pirámide de Maslow aparecían el reconocimiento, la responsabilidad y el prestigio. Quizá lo pierda algún día, me digo. Si mis vecinos se enteran de que no puedo pagar la comunidad o que he tocado fondo de verdad, no podría mirarles a los ojos y sería más infeliz de lo que soy.

El escuchador

El escuchador es ese personaje que me viene acompañando desde hace varios años atrás. En 2013 pasó de mi mente a la hoja y, desde aquel año, vengo escribiendo lo que me dicta: las conversaciones de la calle, las preocupaciones comunes a muchos de nosotros, la esperanza en el amor y en el trabajo… Son varios tomos ya los que gracias a él he escrito. Aquí un fragmento:

«En otras palabras, pese a las dudas y a los temores que genera la incertidumbre en un terreno tan resbaladizo como el de la supervivencia es evidente que he de escucharme sin esperar a que la respuesta a esta u otras preguntas venga de fuera, del exterior, donde la mayoría anda muy tocada. Es un mundo extraño; hablamos de la gente de la calle, del ciudadano que no llega a fin de mes, del trabajador que siente dificultades para mantenerse en su puesto de trabajo, con sus responsabilidades y cargas familiares a su espalda. De las mujeres que hacen lo indecible para sacar adelante a sus hijos, de los padres desconcertados ante la falta de expectativas de sus hijos, de los parados que trabajan en negro o de esos que con peor suerte no trabajan y están dispuestos a lo peor para seguir vivos. No nos pongamos tristes, pero la realidad manda. Ni los políticos saben qué hacer ni los gobernantes están por la labor de defender al que lo necesita. Digamos que la pelea por la supervivencia no les afecta con su suerte de millonarios que ponen cara de preocupados cada vez que se habla de la recuperación económica o de caridad o lástima si se mencionan las ayudas a los necesitados. Sin embargo, la pelea está con uno, la respuesta depende de cada cual, la lectura de la vida depende de cada persona, su interpretación y su solución queda al amparo de cada individuo. El escuchador me lo dice: “si tú no lo haces, nadie lo hará por ti. Si tú no sales por ti mismo, no esperes una mano caritativa. Eso es para los que pueden escuchar más cerca de lo debido la muerte. Si quieres escuchar en cambio la vida, lánzate a morderla”. “Eso es lo que estoy haciendo”, le respondo aún sin saber muy bien cómo, porque sé que lo intentaré tantas veces como fuese necesario.»

Foto del primer manuscrito revisado

Más información sobre El escuchador:

Fotografía, naturaleza y poesía

En el año 2004, bajo el sello editorial Bassarai, fue publicada Itxina, paisajes de luz. Una obra conjunta del fotógrafo José María Álvarez y el poeta Kepa Murua, que recoge las impresiones del poeta frente a la fuerza de las imágenes que el fotógrafo hizo del Parque natural Gorbeia, en el País Vasco.

Roca, aves, agua, niebla, árboles, luces y sombras pasan de la imagen a la palabra escrita, en euskera y en castellano.

Vale la pena recordar este bello libro:

«Más allá del cuerpo, del bien y del mal, donde estira las piernas el firmamento, donde aparece el camino entre los árboles, donde oculta la niebla los detalles insignificantes de las piedras; más allá de un cristal hueco o de una pared negra están las manos de las flores desnudas, con la firma que depositó una lágrima contenida, en las raíces invisibles de los árboles y la memoria que arde sin fuego. Más allá donde no hay nadie».

Dedicatoria en el libro «Queda tu sombra» de Enrique Villagrasa

Escucho a Claude Debussy, la tarde es fría, leo Queda tu sombra, un libro que se abre con un poema que me dedica el autor y en el que me reconozco desde el título, “El poeta vive hoy el drama de la palabra poética”, hasta sus últimos versos. También reconozco la presencia del mar; vivo en la ciudad, mas nací en un pueblo costero. La sombra de la poesía, deberíamos decir “la luz de la poesía”, atraviesa los pensamientos del libro. Desde la infancia hasta hoy, el poeta recorre el mundo con sus ojos, oye el silencio que le rodea, pero habla con la gente, con los lectores, con todos aquellos que quieran leer sus palabras, compartir sus recuerdos y escuchar sus reflexiones. Es un libro en el que cada poema tiene su recorrido, destinado a lectores atentos, con un aire clásico que se proyecta en poemas extensos y registros modernos. Esta conjunción de riesgo y belleza amplia el registro de la escritura.  

«Queda tu sombra», de Enrique Villagrasa. 2019

Bassarai, los premios y otros apuntes

2003

11 de junio

Jabier Herrero, artista plástico, grabador y poeta visual me muestra unos dibujos para hacer un libro único, de artista. Me pide diez poemas manuscritos y le digo que sí. No hay dinero de por medio, pero me convence su seriedad y creatividad. Quizá luego el esfuerzo nos regale un brillo maravilloso.

La política está que arde. Ojalá solo arda la política y no salte el mundo por los aires.

Vargas Llosa dice que no hay editores, solo ejecutivos. En el mundo en que se mueve, normal que lo diga. Se olvida fácil lo que los autores-estrella han hecho para que existan estos ejecutivos y funcionen como funcionan las grandes corporaciones. A Llosa lo veo como a Fernando Savater, Rosa Montero, Manuel Vazquez Montalbán y alguno más. Siempre dando lecciones de cosas, con una obra literaria cuestionable a sus espaldas. Bueno, de Vargas Llosa no diré que su obra es menor, o que se dispersa en diferentes géneros o campos, no podría ser tan temerario. De hecho, he de reconocer que es un gran novelista. Uno de esos a los que admira mi amigo José Echazarreta, un profesor de literatura que ama su oficio, lee unos sesenta libros al año y según me confiesa, vuelve a menudo a Vargas Llosa “porque nadie como él para construir las novelas de esa manera tan prodigiosa”.

Eduardo Moga me comunica que trabajará con Gaspar en DVD y dirigirá la colección de poesía. Buen tipo, buen traductor y mejor poeta, Eduardo Moga Bayona. Me sorprende su risa, me agrada su presencia, en sus libros hay que entrar como con la música. Leí uno con Bach y no funcionó, lo leí luego con Placebo y fue perfecto. Se me aclaró todo de golpe y conocí a un nuevo Moga. Algún día le tengo que preguntar qué le pasa con las mujeres.

12 de junio

En “El Cultural” salen dos reseñas de Bassarai. Una, detenida y poética, firmada por Siles, de Sabor a sal (Johannes Kühn); y otra, más breve, de Comida falsa, donde se dice que “Beyer reúne un buen puñado de poemas que son muestra de su realismo con fondo oscuro”. La coletilla es lúcida, dice: “No hay que perdérselo en esta edición de Bassarai, que nos está acercando lo mejor que se hace hoy en Europa”. Ya era hora de que se dieran cuenta. Creo que el acierto de una editorial, y más en poesía, es definir su línea y sus límites. Yo no puedo ni quiero competir con Pretextos; Lumen tiene sus cosas y sus compromisos; Hiperión publica bien, aunque últimamente se aproxima a una comercialidad que no está reñida con la calidad; Visor busca premios y galardones, best-sellers que no tienen que ver con la poesía, pero que sirven para que los lectores conozcan este mundo. No creo que se me olvide nada. Sí, DVD mezcla jóvenes con autores consagrados. Todos ellos tienen premios y certámenes que les permiten publicar a sus autores o dar con otros que parecen nuevos.

Los premios no me gustan, si no me presento como poeta y no colaboro como lector, por qué iba a tener uno como editor. Me han ofrecido cosas raras, sin definir, pero creo que la apuesta está en mantenerse al margen de estas cuestiones extraliterarias.

Tomado de Los pasos inciertos, memorias de un poeta metido a editor, publicado en 2012 por la editorial Milrazones.

«El cuaderno blanco» en Todo Literatura

Por Isabel Alamar

Con una selección y prólogo de Catalina Garcés nos llega esta primera antología de la obra poética de Kepa Murua.

Desde Abstemio de honores (1990) hasta Pastel de Nirvana (2018) nos encontraremos con  más de treinta años de arduo trabajo que dan como fruto  diecisiete poemarios de los que en El cuaderno blanco leeremos seis poemas por cada uno de los libros publicados hasta hoy.

Una recopilación madura que muestra una radiografía de los temas tratados (desamor, amor, familia, escritura, amigos, política), del lenguaje con el que los trata y que cada vez se vuelve más narrativo o del cariz de los versos que, al principio, es  más pasional y torrencial para tornarse, luego, en más filosófico y meditativo. Y es que como bien nos apunta Catalina Garcés en el prólogo de la obra, con el tiempo la voz poética de Murua se acerca al canto y la oración, aunque este matiz sagrado aparece ya, aunque en menor medida, en sus primeros versos, lo vemos p. e. cuando nos dice: “Sabes que cada día que pasa / donde tus rezos se apagan, crece la nieve. / Tu mano es hoy una página en blanco” (Pág. 24).

En este sentido, también Kepa Murua irá pasando del pesimismo al optimismo y de la osadía y la rebeldía a la aceptación, que no a la resignación, y a la calma. Pero, siempre y en todo momento, veremos a un KM comprometido con su oficio de escritor y dando lo mejor de sí mismo.

Una poesía y un poeta que evoluciona, que está en continuo movimiento para explicar un mundo que también evoluciona a su alrededor y cambia. Todo esto lo podemos apreciar en los siguientes versos pertenecientes al poema Mi madre que encontraremos en esta antología: “Eso del macramé es como la poesía: / tejer y destejer hasta dar / con el sentido de la vida. / Y luego me decía: / estoy perdiendo vista, hijo mío. / Como yo hoy, que la estoy perdiendo / por no ver nada de lo que pasa (Pág. 77).

Y, además, en esos mismos y también en otros versos de El cuaderno blanco podremos constatar otro de los grandes rasgos distintivos del poeta como es su sinceridad apabullante: Murua no tiene miedo nunca a decir la verdad en cualquier momento, para bien o para mal. Y es que el poeta vive como una necesidad lo que tiene que decir o como un misterio que debe descifrar y resolver.

Sin duda este poeta ha alcanzado una voz propia e inconfundible. En sus libros aparecen poemas cada vez más narrativos, en los que la autenticidad y la verdad desempañarán siempre un papel importante. Y en los que no faltará tampoco la luz y la serenidad a la hora de hablar del lugar que él ocupa en el mundo. Y en sus versos ocupará un lugar primordial el paisaje que le rodea, ya que éste ayuda a distinguirlo y a definirlo como ese mar que a menudo vemos en sus poemas y que lo acompaña desde su infancia: “En alta mar / en voz alta / sin mentira / mi grito / la voz acumulada / fiero espanto // en alta mar / en voz alta / perdido / plegado / palabra pura / solo canto” (versos extraídos de la Pág. 154 del poema Autorretrato en alta mar).

Este libro es una antología imprescindible a la vez que supone una inmejorable oportunidad para conocer mejor la trayectoria poética de Murua que sorprenderá, por supuesto para bien, a los amantes de la poesía y de la literatura de calidad.

Enlace: https://www.todoliteratura.es/noticia/50814/poesia/el-cuaderno-blanco-de-kepa-murua.html

La poesía de Kepa Murua y la narrativa de Álex Oviedo entre las novedades de El Desvelo

EL DIARIO MONTAÑÉS
Por Guillermo Balbona

SANTANDER. Poesía y narrativa. Afectos y amores insatisfechos. Versos y novela. Dos autores, ambos vascos, Kepa Murua y Álex Oviedo, y una sola editorial, la cántabra El Desvelo Ediciones que prosigue con su coherente y profusa trayectoria. En apenas dos meses ha sumado cuatro volúmenes de diversos géneros ligados a sus diferentes colecciones.

«Entre las palabras, el engaño./ Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado. /Entre las que se callan, las verdaderas./ Y las auténticas, las del silencio contrariado». El poemario ‘El cuaderno blanco’, de Murua, se presenta a modo de antología diferente. Y el género negro, conjugado con la sensibilidad de una historia de amor en ‘Ausentes del cielo’, de Oviedo, es una obra enmarcada en los últimos tiempos del terrorismo, conjuga el género negro con la sensibilidad de una historia de amor. Además, El Desvelo suma esta semana un libro de filosofía. ‘El cuaderno Blanco’, de Kepa Murua, autor al que El Desvelo ha prestado una especial y justa atención reúne poemas en los que hay un «ánimo de sabotaje del amor romántico, aunque en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza». Su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración. Poemas de cerca de una veintena de libros configuran esta antología. Murua (1962) poeta y narrador vasco ha publicado con el Desvelo las novelas ‘Tangomán’, ‘Un poco de paz’ y ‘De temblores’, así como el citado poemario ‘Autorretratos’. Quien fuera el editor de Bassarai y creador de una de las primeras revistas culturales en formato digital, ‘Espacio Luke’, es un autor conocido en España y en el extranjero en donde desarrolla una intensa actividad como creador y conferenciante. El título ‘El cuaderno blanco’ tiene su origen en una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una «alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada». En cuadernos están también todos sus poemas, pues Murua «es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación», a juicio de Catalina Garcés, como apunta en el prólogo.

Por su parte, ‘Ausentes del cielo’, de Álex Oviedo, novela el retrato de Andrés, un joven a punto de quedarse sin subsidio por desempleo, que mata de tres tiros a un miembro de la izquierda abertzale en una manifestación. La ficción se sitúa a comienzos del siglo XXI y el asesinato remueve los cimientos sociopolíticos del país. El caso pasa a manos de Vidal, inspector de la Unidad Antiterrorista de la Ertzaintza, cuya vida ha dado un vuelco tras la marcha de su pareja. ‘Ausentes del cielo’ es la historia de dos amores insatisfechos: el del joven, incapaz de mostrar sus sentimientos hacia otra persona, y el del inspector enamorado aún de alguien quien dejó escapar por culpa de su trabajo.

Álex Oviedo (Bilbao, 1968) es periodista y escritor, responsable de prensa del Colegio Notarial del País Vasco. Colabora con el periódico municipal Bilbao dentro del suplemento cultural ‘Pérgola’. Su primera obra se publicó en euskera y fue finalista del premio Ciudad de Barbastro. Ha publicado, además, las novelas ‘El unicornio azul’ (2005), ‘Las hermanas Alba’ (2009), ‘La agenda de Héctor’ (2014), ‘Cuerpos de mujer bajo la lluvia ‘(2016) y el libro de relatos ‘El sueño de los hipopótamos’ (2011). Con El Desvelo Ediciones ya vio la luz ‘El hacedor de titulares’.

La novela conjuga el estilo clásico del género negro con la sensibilidad de una historia de amor.

Estudiar la vida

La filosofía también tiene sitio en este nuevo desembarco editorial de El Desvelo. Un libro de pensamiento de Pablo Redondo y Sebastián Salgado, ‘En el corazón de la existencia’, ve la luz estos días en la editorial que dirige Javier F. Rubio. Los profesores de filosofía de Avila y Salamanca parten de la idea de que la existencia humana ha sido uno de los grandes asuntos de la filosofía, y lo seguirá siendo de uno u otro modo mientras esta tenga vigor.

A lo largo del tiempo se han adoptado múltiples enfoques para estudiar la vida. En su libro dan protagonismo indiscutible a las manifestaciones existenciales universales: «La risa, el aburrimiento, la intimidad, la conversación, el asombro, la melancolía… Esta serie de experiencias se ha completado con otras que también conciernen a todos: «la muerte, el cuerpo, el tiempo, los demás seres humanos…».

El método elegido consiste en avanzar de lo superficial a lo profundo, de la vivencia de apariencia cotidiana a lo esencial, con el propósito de irnos acercando al corazón de la existencia, a lo que hace de ella lo que realmente es». Redondo, profesor en el IES Federico García Bernalt de Salamanca, doctor en Filosofía por esa Universidad, es autor de ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Maestros del pensamiento’ y Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ son sus publicaciones.

Por su parte, Salgado es profesor en el IES Isabel de Castilla de Ávila. Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca ha publicado ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ y el ‘Diccionario de citas de filosofía. conceptos fundamentales en sus textos’.

Enlace: https://www.eldiariomontanes.es/culturas/poesia-kepa-murua-20190319212437-ntvo.html

Entrevista en El Correo de Álava

Por Natxo Artundo

VITORIA. El viaje desde el autor de culto de Abstemio de honores hasta el vitalista poemario Pastel de nirvana ha sido largo. Y, aunque el camino de Kepa Murua (Zarauz, 1962) sigue abierto y fértil, hay un retrato literario colgado en un muro de papel. El cuaderno blanco (El Desvelo Ediciones), la primera antología poética del autor, que ha seleccionado y prologado Catalina Garcés Ruiz, ha visto la luz.

– ¿Qué impresión le da cuando llega a sus manos este libro?

Es un libro mío pero que no está hecho por mí, sino por Catalina Garcés. Cuando vi la selección no me imaginaba que podían aparecer esos poemas, porque tal vez había otros que creía más representativos. Fue una sorpresa. Son muchos años, tu cosecha llega de otra forma al público.

– ¿Muchos años y también muchos poetas?

Sí, ahí se ve.

– ¿Cuál le ha sorprendido más?

El de la juventud. Me veo ahí, pese al paso del tiempo, con esa fuerza. Entiendo la madurez, los últimos libros, sobre todo la trilogía de Ven, abrázame, Lo que veo yo cada noche y Escribir la distancia. Pero veo que la fuerza está en Abstemio de honores Aunque entonces no sabía nada, eran más intuiciones.

– No hace tanto ha buceado en los tiempos cuando su poesía no era impresa, sino escrita en servilletas.

Sí. Tengo una medio antología que no es tal, que son los Autorretratos, una compilación de poemas aparecidos en diferentes libros y algunos inéditos. No tengo memorizados mis poemas, excepto tal vez un par, pero cuando leo una estrofa me viene todo: cómo sentía, cómo hablaba, cómo sentía… Los poemas de Cavando oCardiolemas incluso, por no volver a Abstemio de honores, me pegaron una buena sacudida.

– ¿Y qué le ha dicho la gente?

En cuanto al joven, tal vez le falte la lucidez, pero me han dicho que era un poco ‘punk’, un poco ‘destroyer’. Lo bueno es que prevalece una poesía de paz. Sin contrastes pero muy bien definida, con sus osadías.

– ¿Qué ha comentado con la autora de la selección?

Yo doy mucha libertad cuando alguien va a hablar de mi obra, estoy en una entrevista o en una crítica. Entiendo que es el espejo en que se me ve. Discutimos mucho la expresión «poeta político» que aparece en la introducción. Lo entiendo como comprometido con la ciudadanía. Sí que hay un peso muy fuerte de los años de plomo en algunos poemas.

– ¿Poesía política, pero no de militancia?

Si hablas del compromiso, de organizar el paisaje, de poner voz a los que no la tienen, sí. Es un poeta muy comprometido con la propia obra, con su oficio de escribir. Yo pensaba que podía ser más ensimismado, pero no. Hay mucho paisaje, mucha sociedad, como en Las manos en alto o Poesía sola, pura premonición. Y me ha reconfortado. No sólo la selección, que dibuja un prisma que eres tú, pero es que te reconcilias con esos poemas y con el pasado. La única página nueva es la de agradecimientos, que es la gran página de la madurez.

– Usted ha sido editor. ¿Qué dice esta faceta suya del libro?

Que está muy bien. Especialmente la portada, el trabajo de Catalina, el apoyo de El Desvelo. Me siento reconfortado. Yo era reacio a este tipo de cosas. Tengo 57 años y hace dos que comenzó este proyecto. Fui también reacio como editor a publicar antologías, opté más por defender cada obra todavía viva. Pero ahora veo que puede servir al público para conocer mi obra y, si quiere, acudir a los libros, aunque algunos están agotados. Ahora me siento muy a gusto. Sin eufemismos

– En aquellos años de plomo, hay un momento clave, en que decide dar testimonio de una realidad social poco reflejada en lo literario. ¿Cómo fue?

Fui de los primeros. Lo que pasa es que se tiene más referencia de la narrativa. En 1999 publico Un lugar por nosotros, un libro que cambió mucho. Venía de una poesía más expresionista, lírica. Tras el éxito de Cavando la tierra con tus sueños y Siempre conté diez y nunca apareciste no era que quisiera un nuevo registro, pero hice una poesía más narrativa para explicar las cosas, como en Las manos en alto. Creo que fui el primero pero como lo hice en el ámbito de la poesía, pasé más desapercibido. No tanto en Un lugar por nosotros, que se agotó tres veces. Pero también muchos de los que me saludaban dejaron de hacerlo, mientras otros comenzaron a saludarme y a darme las gracias.

– ¿Cuál era su experiencia?

Creo que mi infancia fue maravillosa. Pero yo vengo de un mundo donde no se hablaba de sentimientos. En las reuniones familiares se cantaban canciones en euskera, pero si alguien quería hablar de la guerra, mi abuela lo cortaba. De política poco se hablaba en casa, pero tampoco en la calle. Tenías miedo de que alguien escuchara y te pudiera malinterpretar. Hablabas con algún allegado e incluso con eufemismos. Recuerdo que cuando me desplacé para estudiar en la Universidad de Oviedo, bastaron esos kilómetros para sentirme libre y poder hablar con tranquilidad de muchas cosas, incluso de esas.

Entrevista en Todo Literatura «El cuaderno blanco»

Por Isabel Alamar

El cuaderno blanco es el título de la última antología de poemas que ha publicado el escritor vasco. En sus poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza; su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración.

¿Por qué ahora una antología de KM? , y ¿por qué la has titulado «El cuaderno blanco»?

Es un buen momento, he publicado diferentes libros y estoy a gusto con mi trabajo. El título lo eligió Catalina Garcés, corresponde al título de uno de mis poemas, y es, además, una imagen que se repite en diferentes libros.

El poemario contiene un interesante prólogo de Catalina Garcés que ayuda a entender mejor la obra, ¿cómo surgió la idea de dotarlo de este esclarecedor estudio?, ¿cómo se dio esta colaboración?

Conocí a la poeta Catalina Garcés en el festival de poesía de Medellín de 2012. Ella se interesó por mi obra, creo que ha leído casi todos mis libros de poesía, y ha escrito un ensayo sobre ellos y sobre mi manera de entender la escritura que está inédito. La selección de la antología es suya; cuando me la presentó observé que se incluían poemas que yo no hubiera elegido, al menos en un primer momento. Para hablar de este libro Catalina Garcés es la persona indicada. Los lectores me comentan que la introducción les sirve para comprender mejor mi trayectoria.

¿Qué o qué cosas impulsaron un día a KM a escribir?

Es un oficio que se debe mantener a diario, pero lo que me impulsó fue la necesidad de explicar el mundo con una voz propia.

¿Qué espacio ocupa la poesía hoy por hoy en tu vida?

En un viaje reciente, una persona con la que conversé me confesó que no conocía a nadie que leyera poesía tal como se hacía en el pasado. Esta interpretación es limitada porque la poesía no se encuentra solo en los libros de poesía.

¿Qué es lo que se ha mantenido siempre vivo en tu poesía de una manera u otra?

La insistencia por hacerme entender, la disciplina para seguir adelante, la confianza en mi escritura, la necesidad de escribir para sentirme vivo. Reconocer que con cada libro me acerco a lo que quiero, escribir lo que creo que debo escribir. La intriga, el misterio de la vida, es un aspecto que desde el inicio de mi andadura valoro en la creación poética.

Una de las características esenciales de tu obra es la autenticidad, la verdad, la sinceridad… ¿de dónde crees que te viene ese no tener miedo a llamar las cosas por su nombre?

Nací en el País Vasco, un lugar en el que no se habla abiertamente de los sentimientos. Los vascos no han sido precisos con las palabras y en los años de plomo había miedo y no se decía lo que se pensaba. Muchos lo hacían solo después de asegurarse de que nadie más que sus allegados los podían escuchar. En su casa, mi abuela por ejemplo, cuando su marido y sus hijos estaban sentados en la mesa y se comenzaba a hablar de la guerra, mandaba callar a todos. Según ella no había nada bueno que contar.

¿Cuáles han sido y son los temas, por orden de importancia, que te ha gustado tratar en tus libros?

El deseo que se confunde con el amor aparece en la juventud. Con la madurez llego al amor. En mis libros se reivindica la libertad de tener la vida que se desea. Podría hablar de mí, sin embargo, pongo voz a los que no la tienen. Pondré un ejemplo: en los autorretratos que he publicado en sucesivos libros son más importantes los objetos y el paisaje que me rodea que lo que escribo de mí. Espero que el retrato del mundo no se vea con tonos apagados.

De qué otros escritores te sientes en parte deudor o simplemente te gustan a rabiar.

Unos pocos me acompañan desde que los descubrí, pero no mencionaré a ninguno para evitar el olvido de los que considero mis maestros. Quiero añadir que aunque no vibre con muchos de los libros que se editan hoy, leo con curiosidad a mis colegas. Prevalece el respeto por el oficio de escribir: cada uno lo entiende de un modo u otro.

Cuéntanos alguna anécdota de tu vida como escritor, comparte con nosotros al menos si eres tan amable un recuerdo significativo…

En mayo de 2014, recién publicado, regalé un ejemplar del ensayo Contradicciones a mis padres; el libro tiene esta dedicatoria impresa: “A mis padres, Aitzpea y Kepa, por hacerme un hueco en esa terraza con mar, donde el sol brilla con una luz diferente y el mundo se observa con otros ojos”. Pero como pasaba el tiempo y no decían nada, cuando volví a Zarautz les pregunté si lo habían leído. Fue mi madre la que habló por los dos: “no es verdad que desde la terraza se vea el mar”. Le respondí: “ama, es una metáfora”. La ama sentenció: “será una metáfora o lo que quieras, pero es mentira”.

Define con una sola palabra o dos como mucho a tus poemarios.

La palabra “misterio” define a todos mis libros.

¿A qué libro de todos los que has publicado le tienes más cariño?

Cantos del dios oscuro y Poesía sola, pura premonición son especiales. En la página de agradecimientos de El cuaderno blanco se explica la razón. Fueron publicados por Ana Santos, de la editorial Gaviero, y por Francisco Villegas, de Ellago, excelentes editores y mejores personas que lamentablemente hoy no están entre nosotros. La felicidad de estar perdido es un libro que me reconforta especialmente.

Entrevista completa en https://www.todoliteratura.es/noticia/50769/entrevistas/kepa-murua:-la-palabra-misterio-define-todos-mis-libros.html

Contradicciones

Este libro con cortos ensayos y algunas narraciones, publicado en el año 2014 por Arte Activo Ediciones, se encuentra agotado; me lo ha comunicado recientemente Roberto Laste, su editor. Comparto con los lectores este fragmento:

Memoria y literatura

Los años de plomo en Euskadi fueron años duros. Escribir ya de por sí era extraño cuando parecía que la vida no valía nada y cuando la violencia lo contaminaba todo. Las noches eran largas, el ruido de las sirenas de la policía –un sonido que no se escucha hoy, por ejemplo– era ensordecedor. Se vivían como normales –qué palabra tan extraña– las batallas campales, los enfrentamientos en cualquier esquina, los heridos y asesinatos parecían que no tenían nombre, sino que pertenecían a un número indeterminado, a una estadística que los ciudadanos leían sin asombrarse. Vivíamos en el infierno pero no lo sabíamos. Respirábamos para dentro y solo escuchábamos los gritos cuando ya no había remedio. Y luego, como un descanso o un armisticio tácito, llegaba un silencio extraño que lo envolvía todo, incluso la escritura, que te hacía cuestionarte para qué escribir si nadie podía escuchar más allá de la quema. Y sin embargo, era necesario hacerlo para que no nos callara ese mismo silencio que nos tapaba los ojos y nos paralizaba el corazón. Fueron años de sospecha, de incomprensión, de bandos con nombres y apellidos, de fronteras entre identidades colectivas sin una personalidad individual que sirviera de contrapeso y se abriera al mundo. Las palabras parecían contaminadas, las frases iban entrecomilladas, la memoria se perdía en la noche de los tiempos. Para un poeta como yo que nació en una familia vasca, escribir en castellano era toda una declaración de guerra. Te preguntaban por qué lo hacías. Te miraban con recelo –aún hoy lo hacen–, te trataban de traidor. Y fue duro porque en medio de una subsistencia radical donde debías tener los ojos abiertos, tenías que explicar a todas horas lo que hacías mientras intentabas explicar mediante la literatura lo que sucedía. Fue duro porque los ciudadanos tenían miedo y no se atrevían a decir en público lo que pensaban en privado. O eso es lo que parecía, pues no creo que mintieran ante tanta muerte y el panorama gris que envolvía el cielo de Euskadi como una metáfora de la conciencia. Fue duro porque estuvimos solos durante mucho tiempo. Porque tampoco entre nosotros, los escritores, nos conocíamos. Porque nos sentíamos aislados, porque estábamos cercados por una sociedad que miraba a otro lado y porque sentíamos el desprecio de unas instituciones que nos ninguneaban cuando hablábamos de la necesidad de articular palabras –que estaban ahí antes que nosotros– como tolerancia, paz, democracia, convivencia y algunas más que defendíamos como amor y vida ante tanta muerte y tanto desánimo que se colaba, sin poder evitarlo, en nuestra escritura. En mi caso, creo que me salvaron las palabras, que me redimió la poesía. Yo podría haber sido uno más. Incluso podría haber sido un terrorista –alguno de mis conocidos y de mis compañeros de escuela lo fueron– pero, sin embargo, la educación basada en la paz y la concordia que me dieron mis padres, la lectura de libros, el arte que tanto me gustaba, e incluso, mi conciencia religiosa, mi pensamiento budista, modelaron mi rechazo a la violencia “venga de donde venga”, tal como se decía en aquellos años y que ahora soy incapaz de olvidar. Estos días grises, con sabor a plomo, me llevaron a escribir con una mirada diferente. Fue duro, pero clarividente. Duro pero esperanzador. Fue agotador porque había que enfrentarse a una mayoría que no era tan silenciosa como se cree y porque había que discutir con todos, incluso con la misma sombra que me acompañaba a todas partes porque ya no podía esconderme. Pero mereció la pena. Escribí Un lugar por nosotros y me tacharon de loco. Fundé una editorial en castellano y me tildaron de provocador. Hice lo que creía que debía hacer y tengo mi conciencia tranquila. Ahora cuando escucho algunos que no estuvieron de nuestro lado, me da un poco de vergüenza ajena; sin embargo, como pienso que la vida es bella, no seré yo el que acuse a quien no deba, sino el que siga escribiendo porque, pese a todo, pese a los años de plomo, pese a la soledad y a la incomprensión total, merece la pena hacerlo si hay alguien que lo necesita o si hay algo con lo que no se está de acuerdo.

Matices elementales

Incluso en el camino de la verdad que se busca a trompicones, ¿qué se puede hacer cuando se siente que ha pasado el tiempo y se desea que a uno se le recuerde de una manera donde la vida no concede a la historia personal el mérito suficiente para ser recordado? En ese instante que se busca necesariamente al ser humano para poder salvar la dignidad que nos queda, ¿se podría aislar el momento del descubrimiento más loable en un instante llamado felicidad? No lo sabremos y, aunque pensamos que se podría, no nos importa tanto como pensábamos. Se podría olvidar la felicidad, incluso en el momento en el que se siente su presencia, sin poder saber qué es lo que se siente, y sin pensar en nada más, mientras olvidamos todo lo demás, casi como si se estuviera solo. Se podría también congelar el tiempo de la emoción sentida, guardar como válido y crucial el recuerdo de esa sensación para poder cambiarla en el momento oportuno, cuando, por ejemplo, llega el desánimo en un momento de la vida o se cae en el vacío, sin poder remediar el infortunio que nos agobia por momentos. Sea un caso u otro, el pensamiento más benévolo, que no debiéramos olvidar jamás, el crucial de aquel día, podría salvarnos de la tristeza del momento. Gracias al recuerdo más sentido, la magia de esta realidad no tiene límites, y con este tipo de apreciaciones y modos de preservar los momentos intensos, el ser humano recobra parte de su felicidad cuando se encuentra triste y escarba en sus emociones más sentidas cuando no encuentra sentido a la vida. El camino es en sí la felicidad, eso es lo que verdaderamente podemos llegar a pensar, y el tiempo es, por el contrario, el sinsentido de esa misma felicidad que siente una cosa en una hora y algo muy diferente en otra. Y sin embargo, no son solo las horas las que retrasan el pensamiento de la felicidad móvil y las que balancean el sentido de la existencia transitoria, sino que frente a ellas, como una suma de diferentes partículas que completan la circunferencia del tiempo, surgen los días, con sus luces y sus sombras, que se presentan con sus dilemas cambiantes, como escenas de una biografía que son la misma para cada uno, en el fondo de un abismo incomprendido que parece que es diferente porque así se siente incluso en sus más insignificantes detalles. Los matices de la contradicción son elementales. Por la mañana es lo que es, mientras parece que se podría ser otro. Entonces ¿qué día será mañana?, podríamos preguntarnos. “No lo sé, porque sería preciso estar allí para saberlo”, nos volvería a decir el poeta que se enfrenta a su destino. Pero hoy, cuando ese mañana no importa tanto como se creía, nadie sabrá cómo será y solo se podrá esperar que reviva en su propia riqueza o viva, sin más, en su exasperante insignificancia. En los matices de la contradicción vuelven a volcarse los detalles de una existencia que no puede vivirse hasta que llegue, que no puede sentirse antes, que no puede conocerse, aun hablando de ese momento en un tipo presente. “Espero que mis compatriotas y la historia me muestren como un demócrata, un hombre abierto al pluralismo, impulsor de la justicia social y defensor de los derechos humanos”, nos dejó dicho, frente a la trágica sinceridad del poeta, a modo de confesión, el político. Y sin embargo, sea la realidad vista a través de unos ojos transparentes o sea invocada por una sensación lúcida ante el poder del tiempo, lo que se espera no tiene una definición única en lo que pensamos que podría ser el futuro cuando en el presente el ser humano no asume la pérdida, incluso el olvido, acaso la mentira o el perdón, y cómo no, todas esas confesiones íntimas que perviven en uno y se salvan gracias a nuestra manera de entender el mundo y, con él, a nuestra manera de celebrar los hallazgos y asumir nuestros errores. Hablar de victorias no tiene sentido, pues la única que vence es la vida con todas sus contradicciones.