Tangomán

Una música diferente

¿Cómo podría encontrarla? Sí, a ella. A esa mujer que miraba en las mañanas de un invierno en el que caminaba tras mis propios pasos. No sabía por dónde empezar, no sabía cómo dar con ella. Y su ausencia me desconcertaba. Hacía meses que no la veía, que no me cruzaba con su figura por más que insistiera en caminar por los mismos lugares donde antes nos cruzábamos todos los días. No sabía su nombre, tampoco su edad ni mucho menos qué hacer para averiguar algo, una pista, un detalle, que me pudiera llevar hasta esa mujer que me atraía como un imán. Estaba perdido; podía recordar al detalle su cara: el tono blanco de su rostro, el rímel remarcando sus ojos, su nariz afilada, sus labios delgados. Ella era joven, mucho más joven que yo. Una mujer como otras, como otra cualquiera, pero al mismo tiempo diferente, enigmática, una desconocida que me atraía como hacía tiempo que no me atraía ninguna. Me encontraba desorientado. Desconfiaba del azar y no sabía dónde dirigirme para encontrarla. El mundo de las mujeres seguía siendo un misterio para mí. Un mundo extraño, ajeno, en el que siempre estuve perdido, confuso, intimidado, porque nunca las pude comprender del todo. Pese a las experiencias que viví y que se prolongaron con los años, pese a las relaciones que mantuve, podría decir sin miedo a equivocarme, que no las conocía de verdad. Apenas sabía qué pensaban, casi nunca si me amaban. No podía sospechar en qué mundos vivían sus sueños; jamás si era verdad lo que decían.

No tuve suerte en el amor. Las mujeres que se me acercaron lo hicieron por algún interés extraño. No es que fuera un tipo interesante, todo lo contrario: era serio y aparentemente aburrido. No tenía dinero y, por no tener, no tenía ni futuro. No tenía algo que ofrecer, vivíade mis sueños, andaba enfrascado con mis libros y revistas y mi incapacidad de amar era notoria. Entre quedar con ellas o quedarme en casa leyendo, tirado en el sofá y escuchando música, elegía esta última opción porque no quería perder el tiempo pronunciando tantas palabras hasta la extenuación, sin que pudiéramos llegar al fondo de sus anhelos o deseos, y sin que pudiera conseguir acercarme a ellas de un modo diferente, natural, de otra manera. Con algunas pocas llegué a convertirme en ese amigo imprescindible, en un joven al que se le pueden confesar sus secretos porque no abrirá la boca. Solo ahora me pregunto: ¿para qué tanto pudor por su parte y tanta fidelidad por la mía en una amistad en el fondo intrascendente? Ellas no se merecían nada especial, nada anormal, e incluso algo, no sé qué, más elevado que las mismas acometidas de la vida real, tan preocupadas como estaban con sus enamoramientos y sus ligues con chicos más guapos y más altos que yo. Eran, lo sé, las mismas acometidas que sufríamos los chicos, pero para nosotros eran de otra manera. Sentíamos que éramos esos que no podían acostarse con ellas y llegar a tocar, al fin, un cuerpo desnudo, tantas veces soñado como tan pocas veces dibujado con exactitud con las manos.

Esta podría ser, en síntesis, la metáfora de mi existencia. Cuando era un chico fui un mequetrefe con cara de mono, uno de esos pequeños titís que hacen muecas continuamente, pero en mi caso, todo hay que decirlo, sin gracia. Mi figura, pequeña y delgada, no merecía reseñarse en ninguna página o álbum familiar. Era el más feo de los hermanos. El único chico, al que daban por imposible, el que no supo andar hasta bien cumplidos los dos años. El que aprendió a hacerlo con un tacataca y corría luego, a los años, de un lado a otro con las piernas torcidas, el culo prieto y siemprecon un libro bajo el brazo.

Un tipo peculiar a los ojos de los demás. No era, desde luego, lo que se conoce como “un buen partido”, y quizá por eso me sorprendió la noticia de que hubiera una chica con ganas de conocerme. Yo me fijaba en las más guapas, pero inevitablemente aparecían las feas. Soñaba con las mujeres hechas y derechas y aparecían las deformes. Y por lo que sentía y escuchaba a mi alrededor creía que todos los chicos pensábamos en el sexo, pero, en vista de las pocas mujeres que conocía, este comportamiento, al parecer tan masculino, no era del todo cierto, pues a nuestros ojos ellas eran diferentes y preferían enamorarse en citas señaladas como el día de san Valentín. Mis hermanas lo hicieron hasta cumplir los quince años, aunque luego, cuando empezaron a salir con chicos muchomás mayores que ellas y abandonaron de golpe la casa familiar, parece que olvidaron rápido, muy pronto, este tipo de romanticismo femenino. También pude aprender, más tarde, que muchas de las mujeres, quizá la mayoría, buscaban casarse con alguien que les diera equilibrio y confianza. Alguien, uno cualquiera, capaz de responder al perfil de un candidato que no podía ser yo. Pero en esto del amor jamás he conocido esa confianza, ni mucho menos ese equilibrio que se define como una fuerza o un rasgo de la personalidad que no se sabe bien qué es, pero que debe presentarse con sustancia, con más fuste del que yo disponía, por ejemplo, en una relación de pareja que pretende prolongarse en el tiempo.

Mis hermanas me reprochaban que yo no sabía nada, pero a Adela le gustaba lo que decía, o lo que salía de mi boca, aunque no entendiera gran cosa. Adela tenía las tetas grandes, creo que eso me atrajo desde el principio, pero no le gustaba mostrarlas, pues estaba acomplejada porque le pesaban y le encorvaban un poco la espalda. Solía llevar una camisa ceñiday un jersey que le tapaba casi el cuello y llegaba hasta sus caderas. Su melena rubia era corta; su pelo, lacio; su cara, blanquecina. Tenía un culo redondo y unas piernas de futbolista que le hacían menear el cuerpo cayendo de unlado, apretándose a mí, mientras caminábamos por el malecón que llegaba hasta la playa. Ella apenas abría la boca, no decía una palabra; yo intentaba por todos los medios hablar de lo que pensaba que podía interesar a una mujer, pero parece que no daba en el clavo y seguía sin más una perorata que escuchaba en mi cerebro. Ni a ella ni a mí nos preocupaba demasiado que lo nuestro funcionase con una lógica aplastante. Creo que aquella conversación servía–como en tantos casos donde un hombre pasea con una mujer– parallenarde algunamanera el vacío, o porque a la escasa inteligencia de la chica se le podía sumar el claro ofuscamiento del chico. Esa extraña confusión que sufría yo ante el bamboleo de aquellos dos senos subiendo y bajando por el jersey de lana y la camisa apretada contra su pecho cuando íbamos juntos, uno muy cerca del otro.

Fue mi primera novia, y la verdad, ahora que lo pienso, es que no sé cómo llegamos a comprometernos. No recuerdo lo que dije ni si lo dije, no sé cómo diablos funcionó, pero, fuera o no cierta la necesidad de dos seres cándidos y perdidos en el mundo del amor o del deseo, me recuerdo sin más quedando con ella tras la escuela para escaparnos por las casas alejadas del barrio durante muchas tardes de invierno donde la lluvia no desaparecía de nuestra vista y todo era muy gris y parecía aún más oscuro.

Entrevista en El Diario Vasco

Kepa Murua: «Ser un ‘autor de culto’ estará bien en el rock, pero como poeta me ha pesado»

Por Alberto Moyano. SAN SEBASTIÁN.
Martes, 7 mayo 2019, 06:51

En ‘El cuaderno blanco’ (El Desvelo Ediciones), Kepa Murua (Zarautz, 1962) reúne 108 poemas de los diecisiete poemarios que ha publicado en los últimos treinta años. Antologado y prologado por Catalina Garcés Ruiz, el escritor zarauztarra reconoce que esta selección le ha permitido observar su obra desde nuevas perspectivas y comprobar que aún se reconoce en cada uno de los volúmenos que ha escrito a lo largo de su dilatada trayectoria.

  • ¿Por qué era éste el momento oportuno para una antología?
  • Esa una pregunta interesante, fueron varias casualidades. En primer lugar, porque después de treinta años de escritura, merecía la pena una mirada hacia mi obra. Por otra parte, aunque como editor fui reacio a las antologías, se me brindó la oportunidad. Catalina Garcés estaba estudiando mi obra y a la vez, preparaba una antología. Y cuando me la presentó el primer sorprendido fui yo porque uno se hace una especie de resumen poético, pero esta antología me retrataba muy bien, pero con matices sorprendentes.
  • ¿Cuáles?
  • Por ejemplo, yo siempre pensé que era un poeta más íntimo que público, en el sentido de que no trabaja tanto los espacios sociales, pero Catalina me hace ver que lo político, entendido como el conocimiento del hombre, también estaba ahí, sólo que quizás mi mirada era más intimista y lo trataba desde un punto de vista más individual. Parece ser que no era así porque los lectores de esta antología le están dando la razón a ella.
  • Esta antología rescata seis poemas de cada uno de los diecisiete poemarios que ha publicado hasta el momento. Visto con perspectiva, ¿piensa que debería haber hecho cribado más?
  • No, estoy contento con cada libro. No soy el clásico autor que sólo celebra su último título. Es toda una andadura, con aciertos y errores. Sí es verdad que me identifico más con algunos libros, pero esta antología me permite ver que estoy en todos los poemarios. Especialmente me ha sorprendido la frescura de los primeros, que me hicieron pasar de ser un poeta de provincias, anónimo y periférico a ser un tanto conocido o a ser definido por la crítica como un «poeta oculto» que, como se dice en la antología, es una etiqueta que me ha pesado para mal.

«Se dice que la poesía es ahora el género de moda; me parece bien, pero no creo que sea cierto»

«El boxeo me ha enseñado, como escritor, dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar»

  • ¿«Poeta oculto» o «poeta de culto»?
  • De culto, alguien que está oculto, que hace rarezas. Esto para el mundo del rock puede venir muy bien, pero en la literatura «de culto» quiere decir que no vendes libros, que vas a tu bola y esto no es así. Muchas veces estos adjetivos tan taxativos lo que hacen es ocultar un trabajo literario muy importante.
  • ¿Cuál es el hilo conductor de esta antología que recorre treinta años de escritura?
  • El amor, ¿no?
  • Sin duda, pero desde perspectivas muy diferentes.
  • Lo que pasa es que en los primeros libros no se menciona tanto el amor como el deseo, la piel, los encuentros, pero en el fondo siempre se está buscando el amor. Cuando hablo de ‘amor’ no sólo me refiero al que se de entre dos personas, puede ser también el que se siente por un lugar o en el ámbito familiar o de la amistad. Otro punto muy importante es el respeto por el oficio y por la palabra. Cuando la palabra se dice se puede olvidar o se lleva el viento, pero una vez que se publica queda ahí y yo creo que, especialmente en el País Vasco, he trabajado mucho el respeto por el significado de la palabra bien dicha, comedida y, más que nada, con humildad porque aunque ahora haya otras personas que digan otras cosas, para mí tiene un carácter muy humilde y un tanto íntimo.
  • ¿A qué se refiere?
  • A que ahora a la poesía se le está dando mucha presencia y mucha fuerza, y se dicen cosas como que es el género de moda. Todo esto me parece bien, pero no creo que sea cierto. Yo valoro la poesía más personal, los autores que te hacen pensar, reflexionar y dudar de cuál es tu sitio y, sobre todo, los que trabajan muy bien el oficio de poeta.
  • ¿Se ha banalizado el uso de las palabras en general y también en la poesía?
  • Ante todo, cada poeta es un mundo y cada libro defiende unas poéticas en una libertad con la que hay que estar de acuerdo. De igual forma, también es verdad que cada uno vibra más con unos autores que con otros y con unas poéticas que con otras. Así como la poesía no sólo está en el libro, sino en otros lugares como la publicidad, el cine, el arte o en una conversación entre dos personas, sí es verdad que últimamente se reivindica una poesía no diría que banal, pero sí que no trasciende tanto en el pensamiento, sino en la realidad que se siente y se ve.
  • De acuerdo con su experiencia, ¿cree que el lector ha realizado una lectura correcta de sus poemas o simplemente no hay una forma correcta de leerla?
  • Lo que me sorprende cuando he escuchado a algunos profesionales leer mis libros de poemas es que veo matices que no había captado. También es verdad que cuando he escuchado a otros rapsodas leer en voz alta mis poemas no me he quedado muy contento porque no me gusta esa sonoridad muy teatral que no va con la lectura más íntima.
  • Me refería al lector común que pueda encontrarse en sus presentaciones o actos públicos…
  • Eso no me preocupa tanto, antes lo hacía mucho más. Ahora la plena libertad de las personas es para mí muy importante. Yo sé por qué lo he escrito y cuál era mi intención, pero si no coincide con la lectura que hacen esas personas no me supone ningún problema. De hecho, son los lectores los que te van diciendo cosas que tú mismo no ves como autor. Y por otro lado, son ellos los que te dicen cómo sienten esos poemas. Con eso ya es suficiente. A no ser que sea un poema cerrado, muy narrativo y sin una interpretación muy lineal, lo normal es que el lector entienda lo mismo que quiso decir el autor.
  • ¿Se siente como un púgil, tal y como se desprende de ‘Autorretrato con guantes de boxeo’?
  • Bueno, sí, yo lo practico como aficionado y muchas de sus técnicas las aplico también a la escritura, más que a la poesía: qué es la disciplina, saber dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar. Ese poema forma parte del libro ‘Autorretratos’ (2018) que habla del poeta y hay alguna pincelada de mi vida íntima que nunca he contado a nadie, como por ejemplor esta afición por el boxeo y los deportes. Y aunque en estos ‘autorretratos’ el primer detalle se quede en el autor, tienen su importancia los pequeños detalles y el paisaje que le rodea. En ese poema al que alude, al final se trata de la propia lucha de uno frente a su propio espejo.
  • ¿Y qué retrato de usted extraerá el lector de este ‘cuaderno blanco’?
  • No lo sé. He recibido varias impresiones, a cada cuál más diferente. Uno no es como piensa que es, sino como lo ven los demás y me ven como una persona osada, quizás también generosa y con una voz muy comedida, según me dicen. Ahora, no lo sé. A veces uno piensa que es tímido y resulta que le definen como osado, o al revés. Lo que más me ha gustado de ‘El cuaderno blanco’ es que los lectores han visto a un Kepa Murua diferente, quizás porque ha podido leer algunos poemas de libros que resultan ya inencontrables.

La libertad, la verdad

Fragmento del libro Poemas de la servilleta

Escribid desde la verdad y lanzaos a tumba abierta a la misma vida, pero escribid de todo: de la vida e, incluso, de la muerte, de la paz y de la guerra, de la revolución si es necesario, del baile, del amor, sobre música, sobre cine, del desamor y del dolor, de combates, de besos, de sexo, de religión, de paz, de Dios, de tantos temas como dedos tenéis para escribir el primer poema en una servilleta mientras vuestro amigo bebe una cerveza a vuestro lado. Hacedlo con todas las ideas posibles que se os ocurran y os ronden por la cabeza cuando estéis solos.

Pero si lo vais a hacer, sentíos libres, respetad el oficio e invocad a las palabras en todos los sentidos y en todas sus formas. Con ruido o en silencio, estando solos o acompañados, siendo aplaudidos o rechazados, sintiéndoos agredidos o sencillamente confortados.

Pero huid de lo que parece que puede ser excesivo o hermoso sin más y huid de las prisas y de lo que os pidan los demás. Huid de las exigencias del mercado, de las presiones de los políticos, de las amenazas veladas de algunos lectores, de las suspicacias de otros escritores, de las solicitudes de los lectores si no coinciden con vuestras necesidades.

Huid de las debilidades de la misma escritura para atrincheraros en la verdad de un estilo propio, único, distinto, una marca ligada a vuestro nombre para poder seguir en una línea que os represente en todos los ecos y sentidos.

El escuchador

Fragmento. Tomo I

Mientras alguno de mis amigos me llama para despedirse, pues marchan de vacaciones, paso la mañana analizando las webs y los links correspondientes a las ayudas y promoción de empresas, así como a las del autoempleo de las instituciones locales, provinciales o europeas. Días antes analicé con detenimiento este mundo en el Servicio de empleo. La desilusión es tremenda, pero apunto dos referencias que me podrían servir en el futuro: el posible abono a las cuotas de la seguridad social por parte de la oficina de empleo y las ayudas a las empresas o pymes. Solicito información en el campo del empleo y el emprendizaje –vaya palabra de marras– al municipio, a una empresa consultora, y a la U.E. Uno lee en la prensa que se destinan millones a estas cuestiones, pero luego ve cómo no puede acceder a ese tipo de ayudas porque no cumple con los requisitos necesarios o porque no existen las ayudas que se dice que existen o porque, por una vez que existen, su posible solicitud está fuera de plazo. Me sucedió otro tanto cuando era autónomo y veía cómo se cerraba mi ciclo laboral de veinte años. Me pasó otro tanto cuando los políticos nos prometieron a los autónomos que íbamos a cobrar el subsidio de desempleo. ¿Alguien en este país tan olvidadizo se acuerda todavía hoy del ineficaz y pasmado ministro socialista, Caldera, que nos envió una carta en la que nos prometía estas cosas? Qué recuerdos, extraños y confusos a la vez. Pero para que quede constancia de una mañana a mi juicio perdida, escribo a la funcionaria del Servicio de empleo –o desempleo–, que fue la única que me respondió cuando el resto de sus compañeros se pasaban la pelota –mi pelota– unos a otros: “Querida amiga. Muchas gracias por tu respuesta. Como os escribí en una primera instancia tengo en mente el proyecto de una empresa en el ámbito cultural, por lo que me gustaría conocer las ayudas existentes, tanto de la UE como del Servicio de empleo o de las instituciones locales o nacionales, por ejemplo para los autónomos y creadores de pequeñas empresas, con el fin de costear la primera fase de la inversión del proyecto hasta que pueda implantarse en el mercado laboral. Analizada la información enviada observo que no existen ayudas por el momento, por lo que te agradecería que me informaras de las novedades que se produzcan en este campo o me facilitaras las direcciones de contacto de los responsables para solicitar una cita. A la espera de tu respuesta, recibe un saludo cordial”. Es tal el callejón sin salida, tan fuerte la soledad, que me hubiera gustado escribir una carta distinta, de amor por ejemplo, aunque fuera a una mujer desconocida; pero es lo que hay. Maslow tenía razón: “la prioridad es fundamental cuando no se tienen asegurados las necesidades básicas. Cuando la persona logra satisfacer las necesidades inferiores aparecen gradualmente las superiores y con ello la motivación para satisfacerlas”. Deberé concentrarme en la alimentación, en la ropa y en los gastos básicos de la casa, quizá algún día llegue a otros estados en los que la creatividad o el amor tengan su razón de ser. Por la tarde, cambio de guion: reunión de vecinos en el portal. Nos conocemos y pronto llegan los acuerdos. Uno diferente, novedoso, es el de comprar la pintura para que los vecinos nos encarguemos de pintar el portal y las escaleras, pues, si no fuera así, dice el administrador, el coste de la mano de obra podría superar el presupuesto del que dispone la comunidad. Los vecinos hablan de los morosos en otros portales; aún no nos ha tocado esta realidad, aunque muchos de nosotros no tenemos un empleo fijo o remunerado. En el resto de las casas del inmueble sospecho que uno de los dos al menos trabaja, puedo que el marido o puede que la esposa; en mi caso estoy tan solo que no sé si podré aguantar más tiempo. En los escalones más altos de la pirámide de Maslow aparecían el reconocimiento, la responsabilidad y el prestigio. Quizá lo pierda algún día, me digo. Si mis vecinos se enteran de que no puedo pagar la comunidad o que he tocado fondo de verdad, no podría mirarles a los ojos y sería más infeliz de lo que soy.

El escuchador

El escuchador es ese personaje que me viene acompañando desde hace varios años atrás. En 2013 pasó de mi mente a la hoja y, desde aquel año, vengo escribiendo lo que me dicta: las conversaciones de la calle, las preocupaciones comunes a muchos de nosotros, la esperanza en el amor y en el trabajo… Son varios tomos ya los que gracias a él he escrito. Aquí un fragmento:

«En otras palabras, pese a las dudas y a los temores que genera la incertidumbre en un terreno tan resbaladizo como el de la supervivencia es evidente que he de escucharme sin esperar a que la respuesta a esta u otras preguntas venga de fuera, del exterior, donde la mayoría anda muy tocada. Es un mundo extraño; hablamos de la gente de la calle, del ciudadano que no llega a fin de mes, del trabajador que siente dificultades para mantenerse en su puesto de trabajo, con sus responsabilidades y cargas familiares a su espalda. De las mujeres que hacen lo indecible para sacar adelante a sus hijos, de los padres desconcertados ante la falta de expectativas de sus hijos, de los parados que trabajan en negro o de esos que con peor suerte no trabajan y están dispuestos a lo peor para seguir vivos. No nos pongamos tristes, pero la realidad manda. Ni los políticos saben qué hacer ni los gobernantes están por la labor de defender al que lo necesita. Digamos que la pelea por la supervivencia no les afecta con su suerte de millonarios que ponen cara de preocupados cada vez que se habla de la recuperación económica o de caridad o lástima si se mencionan las ayudas a los necesitados. Sin embargo, la pelea está con uno, la respuesta depende de cada cual, la lectura de la vida depende de cada persona, su interpretación y su solución queda al amparo de cada individuo. El escuchador me lo dice: “si tú no lo haces, nadie lo hará por ti. Si tú no sales por ti mismo, no esperes una mano caritativa. Eso es para los que pueden escuchar más cerca de lo debido la muerte. Si quieres escuchar en cambio la vida, lánzate a morderla”. “Eso es lo que estoy haciendo”, le respondo aún sin saber muy bien cómo, porque sé que lo intentaré tantas veces como fuese necesario.»

Foto del primer manuscrito revisado

Más información sobre El escuchador:

Fotografía, naturaleza y poesía

En el año 2004, bajo el sello editorial Bassarai, fue publicada Itxina, paisajes de luz. Una obra conjunta del fotógrafo José María Álvarez y el poeta Kepa Murua, que recoge las impresiones del poeta frente a la fuerza de las imágenes que el fotógrafo hizo del Parque natural Gorbeia, en el País Vasco.

Roca, aves, agua, niebla, árboles, luces y sombras pasan de la imagen a la palabra escrita, en euskera y en castellano.

Vale la pena recordar este bello libro:

«Más allá del cuerpo, del bien y del mal, donde estira las piernas el firmamento, donde aparece el camino entre los árboles, donde oculta la niebla los detalles insignificantes de las piedras; más allá de un cristal hueco o de una pared negra están las manos de las flores desnudas, con la firma que depositó una lágrima contenida, en las raíces invisibles de los árboles y la memoria que arde sin fuego. Más allá donde no hay nadie».

Dedicatoria en el libro «Queda tu sombra» de Enrique Villagrasa

Escucho a Claude Debussy, la tarde es fría, leo Queda tu sombra, un libro que se abre con un poema que me dedica el autor y en el que me reconozco desde el título, “El poeta vive hoy el drama de la palabra poética”, hasta sus últimos versos. También reconozco la presencia del mar; vivo en la ciudad, mas nací en un pueblo costero. La sombra de la poesía, deberíamos decir “la luz de la poesía”, atraviesa los pensamientos del libro. Desde la infancia hasta hoy, el poeta recorre el mundo con sus ojos, oye el silencio que le rodea, pero habla con la gente, con los lectores, con todos aquellos que quieran leer sus palabras, compartir sus recuerdos y escuchar sus reflexiones. Es un libro en el que cada poema tiene su recorrido, destinado a lectores atentos, con un aire clásico que se proyecta en poemas extensos y registros modernos. Esta conjunción de riesgo y belleza amplia el registro de la escritura.  

«Queda tu sombra», de Enrique Villagrasa. 2019

Bassarai, los premios y otros apuntes

2003

11 de junio

Jabier Herrero, artista plástico, grabador y poeta visual me muestra unos dibujos para hacer un libro único, de artista. Me pide diez poemas manuscritos y le digo que sí. No hay dinero de por medio, pero me convence su seriedad y creatividad. Quizá luego el esfuerzo nos regale un brillo maravilloso.

La política está que arde. Ojalá solo arda la política y no salte el mundo por los aires.

Vargas Llosa dice que no hay editores, solo ejecutivos. En el mundo en que se mueve, normal que lo diga. Se olvida fácil lo que los autores-estrella han hecho para que existan estos ejecutivos y funcionen como funcionan las grandes corporaciones. A Llosa lo veo como a Fernando Savater, Rosa Montero, Manuel Vazquez Montalbán y alguno más. Siempre dando lecciones de cosas, con una obra literaria cuestionable a sus espaldas. Bueno, de Vargas Llosa no diré que su obra es menor, o que se dispersa en diferentes géneros o campos, no podría ser tan temerario. De hecho, he de reconocer que es un gran novelista. Uno de esos a los que admira mi amigo José Echazarreta, un profesor de literatura que ama su oficio, lee unos sesenta libros al año y según me confiesa, vuelve a menudo a Vargas Llosa “porque nadie como él para construir las novelas de esa manera tan prodigiosa”.

Eduardo Moga me comunica que trabajará con Gaspar en DVD y dirigirá la colección de poesía. Buen tipo, buen traductor y mejor poeta, Eduardo Moga Bayona. Me sorprende su risa, me agrada su presencia, en sus libros hay que entrar como con la música. Leí uno con Bach y no funcionó, lo leí luego con Placebo y fue perfecto. Se me aclaró todo de golpe y conocí a un nuevo Moga. Algún día le tengo que preguntar qué le pasa con las mujeres.

12 de junio

En “El Cultural” salen dos reseñas de Bassarai. Una, detenida y poética, firmada por Siles, de Sabor a sal (Johannes Kühn); y otra, más breve, de Comida falsa, donde se dice que “Beyer reúne un buen puñado de poemas que son muestra de su realismo con fondo oscuro”. La coletilla es lúcida, dice: “No hay que perdérselo en esta edición de Bassarai, que nos está acercando lo mejor que se hace hoy en Europa”. Ya era hora de que se dieran cuenta. Creo que el acierto de una editorial, y más en poesía, es definir su línea y sus límites. Yo no puedo ni quiero competir con Pretextos; Lumen tiene sus cosas y sus compromisos; Hiperión publica bien, aunque últimamente se aproxima a una comercialidad que no está reñida con la calidad; Visor busca premios y galardones, best-sellers que no tienen que ver con la poesía, pero que sirven para que los lectores conozcan este mundo. No creo que se me olvide nada. Sí, DVD mezcla jóvenes con autores consagrados. Todos ellos tienen premios y certámenes que les permiten publicar a sus autores o dar con otros que parecen nuevos.

Los premios no me gustan, si no me presento como poeta y no colaboro como lector, por qué iba a tener uno como editor. Me han ofrecido cosas raras, sin definir, pero creo que la apuesta está en mantenerse al margen de estas cuestiones extraliterarias.

Tomado de Los pasos inciertos, memorias de un poeta metido a editor, publicado en 2012 por la editorial Milrazones.

«El cuaderno blanco» en Todo Literatura

Por Isabel Alamar

Con una selección y prólogo de Catalina Garcés nos llega esta primera antología de la obra poética de Kepa Murua.

Desde Abstemio de honores (1990) hasta Pastel de Nirvana (2018) nos encontraremos con  más de treinta años de arduo trabajo que dan como fruto  diecisiete poemarios de los que en El cuaderno blanco leeremos seis poemas por cada uno de los libros publicados hasta hoy.

Una recopilación madura que muestra una radiografía de los temas tratados (desamor, amor, familia, escritura, amigos, política), del lenguaje con el que los trata y que cada vez se vuelve más narrativo o del cariz de los versos que, al principio, es  más pasional y torrencial para tornarse, luego, en más filosófico y meditativo. Y es que como bien nos apunta Catalina Garcés en el prólogo de la obra, con el tiempo la voz poética de Murua se acerca al canto y la oración, aunque este matiz sagrado aparece ya, aunque en menor medida, en sus primeros versos, lo vemos p. e. cuando nos dice: “Sabes que cada día que pasa / donde tus rezos se apagan, crece la nieve. / Tu mano es hoy una página en blanco” (Pág. 24).

En este sentido, también Kepa Murua irá pasando del pesimismo al optimismo y de la osadía y la rebeldía a la aceptación, que no a la resignación, y a la calma. Pero, siempre y en todo momento, veremos a un KM comprometido con su oficio de escritor y dando lo mejor de sí mismo.

Una poesía y un poeta que evoluciona, que está en continuo movimiento para explicar un mundo que también evoluciona a su alrededor y cambia. Todo esto lo podemos apreciar en los siguientes versos pertenecientes al poema Mi madre que encontraremos en esta antología: “Eso del macramé es como la poesía: / tejer y destejer hasta dar / con el sentido de la vida. / Y luego me decía: / estoy perdiendo vista, hijo mío. / Como yo hoy, que la estoy perdiendo / por no ver nada de lo que pasa (Pág. 77).

Y, además, en esos mismos y también en otros versos de El cuaderno blanco podremos constatar otro de los grandes rasgos distintivos del poeta como es su sinceridad apabullante: Murua no tiene miedo nunca a decir la verdad en cualquier momento, para bien o para mal. Y es que el poeta vive como una necesidad lo que tiene que decir o como un misterio que debe descifrar y resolver.

Sin duda este poeta ha alcanzado una voz propia e inconfundible. En sus libros aparecen poemas cada vez más narrativos, en los que la autenticidad y la verdad desempañarán siempre un papel importante. Y en los que no faltará tampoco la luz y la serenidad a la hora de hablar del lugar que él ocupa en el mundo. Y en sus versos ocupará un lugar primordial el paisaje que le rodea, ya que éste ayuda a distinguirlo y a definirlo como ese mar que a menudo vemos en sus poemas y que lo acompaña desde su infancia: “En alta mar / en voz alta / sin mentira / mi grito / la voz acumulada / fiero espanto // en alta mar / en voz alta / perdido / plegado / palabra pura / solo canto” (versos extraídos de la Pág. 154 del poema Autorretrato en alta mar).

Este libro es una antología imprescindible a la vez que supone una inmejorable oportunidad para conocer mejor la trayectoria poética de Murua que sorprenderá, por supuesto para bien, a los amantes de la poesía y de la literatura de calidad.

Enlace: https://www.todoliteratura.es/noticia/50814/poesia/el-cuaderno-blanco-de-kepa-murua.html

La poesía de Kepa Murua y la narrativa de Álex Oviedo entre las novedades de El Desvelo

EL DIARIO MONTAÑÉS
Por Guillermo Balbona

SANTANDER. Poesía y narrativa. Afectos y amores insatisfechos. Versos y novela. Dos autores, ambos vascos, Kepa Murua y Álex Oviedo, y una sola editorial, la cántabra El Desvelo Ediciones que prosigue con su coherente y profusa trayectoria. En apenas dos meses ha sumado cuatro volúmenes de diversos géneros ligados a sus diferentes colecciones.

«Entre las palabras, el engaño./ Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado. /Entre las que se callan, las verdaderas./ Y las auténticas, las del silencio contrariado». El poemario ‘El cuaderno blanco’, de Murua, se presenta a modo de antología diferente. Y el género negro, conjugado con la sensibilidad de una historia de amor en ‘Ausentes del cielo’, de Oviedo, es una obra enmarcada en los últimos tiempos del terrorismo, conjuga el género negro con la sensibilidad de una historia de amor. Además, El Desvelo suma esta semana un libro de filosofía. ‘El cuaderno Blanco’, de Kepa Murua, autor al que El Desvelo ha prestado una especial y justa atención reúne poemas en los que hay un «ánimo de sabotaje del amor romántico, aunque en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza». Su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración. Poemas de cerca de una veintena de libros configuran esta antología. Murua (1962) poeta y narrador vasco ha publicado con el Desvelo las novelas ‘Tangomán’, ‘Un poco de paz’ y ‘De temblores’, así como el citado poemario ‘Autorretratos’. Quien fuera el editor de Bassarai y creador de una de las primeras revistas culturales en formato digital, ‘Espacio Luke’, es un autor conocido en España y en el extranjero en donde desarrolla una intensa actividad como creador y conferenciante. El título ‘El cuaderno blanco’ tiene su origen en una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una «alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada». En cuadernos están también todos sus poemas, pues Murua «es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación», a juicio de Catalina Garcés, como apunta en el prólogo.

Por su parte, ‘Ausentes del cielo’, de Álex Oviedo, novela el retrato de Andrés, un joven a punto de quedarse sin subsidio por desempleo, que mata de tres tiros a un miembro de la izquierda abertzale en una manifestación. La ficción se sitúa a comienzos del siglo XXI y el asesinato remueve los cimientos sociopolíticos del país. El caso pasa a manos de Vidal, inspector de la Unidad Antiterrorista de la Ertzaintza, cuya vida ha dado un vuelco tras la marcha de su pareja. ‘Ausentes del cielo’ es la historia de dos amores insatisfechos: el del joven, incapaz de mostrar sus sentimientos hacia otra persona, y el del inspector enamorado aún de alguien quien dejó escapar por culpa de su trabajo.

Álex Oviedo (Bilbao, 1968) es periodista y escritor, responsable de prensa del Colegio Notarial del País Vasco. Colabora con el periódico municipal Bilbao dentro del suplemento cultural ‘Pérgola’. Su primera obra se publicó en euskera y fue finalista del premio Ciudad de Barbastro. Ha publicado, además, las novelas ‘El unicornio azul’ (2005), ‘Las hermanas Alba’ (2009), ‘La agenda de Héctor’ (2014), ‘Cuerpos de mujer bajo la lluvia ‘(2016) y el libro de relatos ‘El sueño de los hipopótamos’ (2011). Con El Desvelo Ediciones ya vio la luz ‘El hacedor de titulares’.

La novela conjuga el estilo clásico del género negro con la sensibilidad de una historia de amor.

Estudiar la vida

La filosofía también tiene sitio en este nuevo desembarco editorial de El Desvelo. Un libro de pensamiento de Pablo Redondo y Sebastián Salgado, ‘En el corazón de la existencia’, ve la luz estos días en la editorial que dirige Javier F. Rubio. Los profesores de filosofía de Avila y Salamanca parten de la idea de que la existencia humana ha sido uno de los grandes asuntos de la filosofía, y lo seguirá siendo de uno u otro modo mientras esta tenga vigor.

A lo largo del tiempo se han adoptado múltiples enfoques para estudiar la vida. En su libro dan protagonismo indiscutible a las manifestaciones existenciales universales: «La risa, el aburrimiento, la intimidad, la conversación, el asombro, la melancolía… Esta serie de experiencias se ha completado con otras que también conciernen a todos: «la muerte, el cuerpo, el tiempo, los demás seres humanos…».

El método elegido consiste en avanzar de lo superficial a lo profundo, de la vivencia de apariencia cotidiana a lo esencial, con el propósito de irnos acercando al corazón de la existencia, a lo que hace de ella lo que realmente es». Redondo, profesor en el IES Federico García Bernalt de Salamanca, doctor en Filosofía por esa Universidad, es autor de ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Maestros del pensamiento’ y Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ son sus publicaciones.

Por su parte, Salgado es profesor en el IES Isabel de Castilla de Ávila. Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca ha publicado ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ y el ‘Diccionario de citas de filosofía. conceptos fundamentales en sus textos’.

Enlace: https://www.eldiariomontanes.es/culturas/poesia-kepa-murua-20190319212437-ntvo.html