Eso que nos pasa

Miremos a la ventana y veamos
el cielo petrificado de la niebla.
La luz apagada en un color grisáceo
o el vuelo oculto de los pájaros
con plumas blancas y moteadas
cuando no sabíamos que existía esa especie.
¿No piensas en el amor?
¿De verdad no te pasa?
¿De verdad no te pasa a menudo
como cuando acudes a un museo
y en la sala vacía
hay un cuadro esperándote
y pintado por un artista
que murió hace tiempo?
Fíjate bien: es ese cielo,
el mismo que tú ves por la ventana
un día de abril cuando parece
que llueve, pero no es así.
Es ese árbol, el mismo
que tú ves cómo crece,
dibujado al detalle, aun de lejos.
¿De verdad no te pasa
creer que lo has vivido antes?
Saber que lo has soñado un día.
Reconocer que alguien habla por ti
cuando quieres decir algo
que va más allá de una verdad a medias.
Fíjate sí, y no gires la cabeza
que se sostiene en la ventana
con el apoyo de unas manos
que se ven desde fuera.
Reposa los brazos en la tierra.
Abre los ojos, espera a no ver nada
en un principio. Siente el viento
en tu rostro y déjate llevar
por el silencio eterno de la vida
que te esperará, como quien espera
sentado sobre sus tobillos,
el primer y verdadero silencio.
¿De verdad no te pasa?
¿No piensas que así es eso
de estar casi siempre a solas
como otros andan enamorados?
Abres una ventana y no ves nada.
La niebla no te deja ver unos metros,
luz blanca y humo blanco
que surge de una chimenea inexistente.
Pero sabes que no te detendrás pese a todo.
Que te atreverás a mirar más lejos
por si algo se abre entre la nada.
Que volverás a respirar el frío helado.
Que volverás a pensar ya lo he visto antes.
Ya lo he vivido en algún momento
cuando aún no sabíamos
qué era eso que nos pasa.

Un domingo para «El Escuchador»

Un domingo puede ser el mejor día para escribir cartas. Para responder a algunas que se recibieron y el mejor también para escribir alguna que quedaba pendiente de escribir, aunque no se espere una respuesta. ¿Por qué la gente no responde a lo que se le pide con educación? ¿Por qué la gente no escribe si se la escribe? Yo lo hago y no por ello me he convertido en un escritor compulsivo ni en uno especializado en cartas de amor. No soy una persona obsesiva que escribe sin parar a los editores. Recuerdo la correspondencia entre escritores y sus hijos o entre escritores y sus padres, como lo hizo Kafka en su día cuando escribió: “mi amor, no tengo más remedio que dejar esta carta, aunque para mí es como si me arrancaran físicamente de tu lado”. En fin, lo hago para disuadir a un pelmazo que llamó a El Escuchador y que ahora se pasa de la raya: “Creo que debe dejar que la editorial haga su trabajo. En cuanto al mío, debe comprender que estas y otras cuestiones relacionadas con el mundo editorial son parte de él. Ahora mismo por ejemplo preparo un nuevo libro que se publicará en breve y he de responder, además, a varias cuestiones más relacionadas con mi trabajo, por lo que si desea que trabaje para usted debería solicitarme un presupuesto. Un saludo cordial. El Escuchador”. Unos días antes nos cruzamos otras; apunto, para no olvidar las suyas, porque tengo la sospecha de que se aprovecha de mi buena voluntad y de la misma manera que no se da cuenta de lo malos que son sus libros, no sabe que lo hace. ¿Por qué la gente no sabe valorar lo que pide? ¿Por qué la gente no sabe si escribe bien o mal? Todo empezó cuando le detallé mis servicios y cuando le aseguré que no le iba a cobrar por la primera entrevista. Un día para escribir cartas. Un día para recordar las de Osvaldo, un escritor perdido donde los haya, y que dio con El Escuchador, sin reconocer siquiera que este podría ser un trabajo serio. Apunto una de las suyas: “buenas tardes, le cuento que acabo de escribir a la editorial que me recomendó y que, como me dijo, durante años publicó sus libros. Les envié copia de mi biografía literaria y les dije que usted me había recomendado que les escribiera. Pues, sin querer abusar de su amistad y acudiendo a su generosidad para con un poeta como yo, le ruego, por favor, si le preguntan por mí (ellos), en lo posible pueda ayudarme. Y lo digo por bien. Le agradezco en verdad si me puede ayudar, en caso de que ellos pregunten. Sé que me comprende. Por su amistad y su gesto amable de ayudarme, se lo agradezco desde mi poesía. Un abrazo.”. El mismo día escribió otra: “buenas tardes, por favor, le ruego con todo respeto darme el nombre de dos editoriales que a bien me recomiende y que lo conozcan a usted. Y si sabe, dos de universidades privadas, por favor… Yo asumo la gestión de hablar con ellas… Mil gracias, se lo agradezco. Osvaldo, poeta.”. Y alguna más algunos días antes: “buenas tardes. Mil gracias por sus amables orientaciones y por su inestimable ayuda. Otra pregunta: ¿existe alguna editorial de algún amigo suyo y que usted me recomiende? Me refiero a una de esas que miran el manuscrito y a lo mejor lo acepten. Y ¿me podría recomendar por último una universidad extranjera o una institución que apoye la publicación de libros literarios? En verdad, mil y mil gracias por su más que valiosa ayuda. Un fuerte abrazo. Osvaldo, poeta y amigo”. Estas cartas me recuerdan otros encuentros. Podría recordar a la ilustradora de libros que hace unas semanas buscaba un autor para sus textos y un editor para sus futuros libros infantiles que, según ella, tendrían un éxito sonado; podría mencionar a ese actor que quería utilizar mis poemas en sus recitales o a ese otro músico que quería que lo ayudara en una selección de textos para ser cantados en sus actuaciones. Podría recordar a ese autor que quería que le corrigiera sus libros o a esa madre que pretendía que leyera lo que había escrito su marido. ¿Dónde están esos clientes de El Escuchador que prometieron llamarme e insistieron en que me pedirían un presupuesto? ¿Dónde ese joven de tez morena que iba a entregarme su historia hacia finales de año para que le diera una o dos vueltas, las que hicieran falta, hasta que el libro fuera comprensible para cualquier lector? ¿Dónde ese autor que quería que lo ayudara en la publicación de sus dos novelas y sus tres libros de cuentos, todo a la vez, con el fin de que se viera su trabajo con una unidad que solía podía ver él? ¿Soy tan ingenuo, tan iluso por creer en sus palabras? ¿Un escuchador por no saber interpretar sus necesidades ocultas y un ingenuo por no saber esclarecer a tiempo sus posibles mentiras? O sencillamente todo esto es la consecuencia inevitable de una manera de proceder que tiene la gente que no sabe lo que quiere y que va de un lugar a otro hasta encontrar el camino. Recuerdo a aquella mujer que después de diez años de no vernos se acercó un día y me dijo: “¿te acuerdas de mí? Siempre estaré agradecida por lo que hiciste por mí, sin nada a cambio. Es más, creo que luego no te volví a llamar, pero ahora que te veo quería decírtelo”. No recordaba lo que hice por ella, pero eso fue lo que escuché en una confesión que parecía verdadera. Como lo fue una de las primeras cartas que yo escribí a Osvaldo: “es sencillo, se envía el manuscrito y si lo aceptan, se publica sin más. No obstante, para un autor desconocido es más difícil. Una opción intermedia es recurrir a la autoedición o a la ayuda por parte de una universidad o institución extranjera que se comprometa en los gastos de la edición Una vez que se publica un primer libro todo es más sencillo, más tarde”. Osvaldo respondía a las cartas, pero con la última no veo su nombre por ninguna parte. Son así los domingos donde muchos escritores escriben sus cartas y donde muchos más esperan recibir una respuesta. Como yo, que por suerte, recibo una de ella:

Media noche y no dejo de pensarte. Siento mi mente en otro nivel. El mundo colapsa mientras el amor nos salva a ti y a mí.

(Fragmento del tomo 2-1 de El Escuchador: Todos sonrieron)

Existiendo en «Trilogía del corazón»

Trilogía del corazón, el libro que pronto publicará la editorial Luces de Gálibo, es un primer paso para la recopilación de la obra poética de Kepa Murua; aquí se condensan tres de sus más relevantes títulos: Cardiolemas, Siempre conté diez y nunca apareciste y Cavando la tierra con tus sueños; con los que se dio a conocer en el panorama literario español y con los que ratificó su vocación creadora con una voz propia.

EXISTIENDO

Porque esperas humillada, háblame
de aquella arruga, de aquella palabra
que aguardabas durante meses.
Porque sabes de la fuente y nada del fuego
dime de la hipocresía que encierra el deseo.
Desnuda como estás, háblame del amor
si es que existe, esa tu belleza hundida
y arrogante. Cuántas veces traicionada,
cuántas rendida con la mentira
de unos ojos preparados para ello. Amor, dime
por qué los abrazos son iguales y nerviosos
como el infinito. Háblame de aquel beso hondo,
pero que a nada sabe.
Háblame de la memoria que descubre
tus palabras, olvidándolas por dentro.
Una vez más y desnuda como estás,
háblame de la verdad en unos brazos
llenos de desprecio, y cuántas veces
creció la esperanza en tu huida
hacia delante. Háblame del aliento,
que nos quema. Dime si son verdad
las palabras que sobreviven
al recuerdo y por qué te sientes
tan despreciable y tan vieja.

© Del libro Cavando la tierra con tus sueños, 2000.

Tres poemas de «No es nada»

Hace pocos días ha sido publicada la segunda edición del poemario No es nada en la plataforma Kindle y por KDP de Amazon. En esta ocasión aparece con el prólogo que amablemente escribió el profesor Iñaki Beti Saéz, que sirve como estudio y también como ruta para una lectura más profunda. Aquí, tres de los poemas que conforman este libro tan importante en la trayectoria de mi apuesta poética:

LA ÚLTIMA PALABRA

El cuerpo siente el pensamiento
aun sin entender
lo que ven los ojos.

El atardecer oculto
junto a un paisaje destruido
por las manos.

Un río tranquilo
entre un muro invisible
divide en dos la ciudad.

La última palabra.
Un lugar para la muerte
y otro para el olvido.

Sin una identidad
que le mantenga a salvo
la última palabra.

La de la vida
que pronuncias
tarde sin sentido.

La del amor
que callas para siempre.
La del destino.

UN JARDÍN SIN FLORES

Si unimos nuestras manos
la piel se enciende como la luz
en los tejados de los suburbios.

Debajo de las cosas vive un corazón secreto.
En la superficie de las caras
respira el pensamiento.

En el rostro de las madres sus hijos.
En los ojos del recuerdo
transeúntes sin rumbo alguno.

Todas las cosas tienen una palabra
a la vuelta de la esquina.
Todas las palabras se unen en un jardín extraño.

Hubo flores para todos.
Flores negras que nadie recuerda.
Blancas sábanas cubriendo nuestros sueños.

COMO UN HOMBRE

Los restos del naufragio
sobre la mesa.

Como el cielo se abre
se cierra el infierno.

Como el corazón intranquilo
y la costumbre del pasado.

Como la madera en el tejado.
Como sentarte a mi lado sin que lo note.

Como comer sin manos.
Perdido como un hombre esquivo.

Portada de «No es nada» disponible en Kindle y en Amazon.

Dos espinas

No es nada, es uno de mis poemarios publicados en el año 2008, ahora disponible en Versión Kindle. Aquí, «Dos espinas» con un dibujo hecho por mí en el mismo año de su primera publicación.

DOS ESPINAS

¿Cuál de las dos fue antes?
Podía sentir dos espinas
que atravesaban el corazón
de las palabras sin saber por qué.

Como si clavadas en la tierra
sangrasen dos rosas a la vez
las palabras que no dicen nada
cuando alguien abre la boca.

Como si del interior del cuerpo
salieran los sentimientos
como dos agujas al rojo vivo
que se tocan al momento.

¿Cuál de las dos espina
y cuál sangre? ¿Cuál rosa
o aguja que huele y cose
sin más el tiempo?

Me he convertido en el escritor que sospechaba que podría ser

Publicado en Kultura Gara
09/08/2019

Por Patxi Irurzun

http://patxiirurzun.com/2019/08/5850/

-¿Por qué una antología ahora, a qué responde, los treinta años escribiendo, la necesidad de echar la vista atrás, reflexionar sobre tu trayectoria?

Algunos de los libros publicados están agotados o son difíciles de encontrar y con este libro, El cuaderno blanco, los lectores tienen la oportunidad de acceder a mi poesía. La antología es un resumen que reconoce mis cambios como poeta y mis inquietudes como escritor

-Hacer una selección del trabajo propio supongo que será complicado, a veces incluso doloroso (dejar fuera algunos poemas, por ejemplo)? ¿Qué criterios ha seguido?

Concedo libertad a los críticos y los lectores de mis libros para que opinen sobre lo que les sugieren mis textos. Me gusta escucharlos para luego sacar mis conclusiones. En este caso la idea de la antología nace de la escritora colombiana Catalina Garcés; el primer sorprendido por la selección de los poemas, los temas tratados y el título El cuaderno blanco, fui yo. Si me hubiera encargado yo, la antología sería otro libro.

Fotografía por Raúl Fijo

-Llama la atención el título, El cuaderno blanco, para un libro en el que todos los poemas ya estaban escritos hace tiempo ¿por qué?

Es el título de un poema de Escribir la distancia, un libro que cambió mi pulso poético. Es la referencia al cuaderno aún por escribir o la página en blanco, son temas recurrentes en mis libros. Cada uno debería escribir su vida.

-La antología, como señala en el prólogo Catalina Garcés es una mirada panorámica, un cuaderno de ruta de un viaje, vital y poético, ¿se puede leer así?

Son treinta años de escritura que muestran una poesía intimista que refleja lo que acontece en la sociedad y dentro de mí como testigo de esos hechos. Me sorprende la vitalidad de los poemas. La vida aparece en todas las páginas, incluso cuando se menciona la muerte hay un tono de aceptación de la belleza del mundo. Se puede leer así, pero el lector tiene plena libertad para hacerlo de muchas otras maneras.

-¿Cuál es el balance que hace usted viendo esa panorámica, esa trayectoria?

Cuando empecé soñaba con escribir unos cuantos libros. Que se publicaran me costó tiempo, no fue fácil para mí, recibí tantos rechazos como desprecio por lo que hacía. Cuando era joven, además, me daba vergüenza presentarme como poeta; ahora observo que esos temores se han superado y que me he convertido en el escritor que sospechaba que podría ser, aunque al principio no sabía de qué manera lo lograría.

-También se habla en el prólogo de que su poesía se caracteriza, entre otras cosas, por un sabotaje del amor romántico ¿Está de acuerdo? ¿Y cuáles diría usted que son las constantes de su poesía?

En los primeros libros surge un grito frente a la realidad que no me gusta y se aprecia una llamada al amor que se confunde con el deseo. Con el paso de los años la voz se serena y se equilibra ante los temas vitales como son el amor, la amistad, la sociedad en la que vivimos y la vida que llevamos.

-En uno de sus poemas dice “No debo hablar de mi /jamás lo hago”, sin embargo la poesía, y también la suya (hay, por ejemplo, varios autorretratos), está ligada a lo íntimo, a la experiencia vital. ¿Hay una voluntad de trascender, de que el lector se reconozca en usted?

En muchos poemas relato hechos que no me han pasado a mí directamente, las voces y los registros de mis libros son diferentes y variados, pero con en El cuaderno blanco el lector interpreta un viaje poético de un autor cercano con una mirada cómplice.

-Por último, después de esta antología y supongo que la reflexión que la acompaña, cuáles serán los siguientes pasos, como se enfrenta a nuevos poemarios, si los va a haber. 

Sigo escribiendo, tanto poesía como narrativa, y tengo varios proyectos sobre la mesa. Por ejemplo, diferentes tomos de memorias de poeta metido a editor que me gustaría que se publicasen; ojalá un editor se interese por ellos. Considero que es un documento que retrata el mundo de la edición y la poesía contemporánea, aunque también se habla de política y sociedad. No tengo prisa, si uno tiene un buen libro o un proyecto de calidad que presentar al público tarde o temprano llegará a los lectores. Soy un superviviente que se ha convertido en un experto a la hora de superar diferentes retos.

Enlace: https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/gara_2019-08-09-07-00/hemeroteca_articles/me-he-convertido-en-el-escritor-que-sospechaba-que-podria-ser

Asombro

El silencio es el recuerdo que nos persigue cuando las cosas que amamos pierden su significado. Las palabras son asombro cuando amamos, derrota donde la vida se oculta entre las manos, lágrimas que se secan con el tiempo, lamentos que encuentran suspiros en las palabras que vuelven a pegarse en la piel después del silencio. El silencio encuentra en el arte su momento oculto. Fueron gritos y son susurros donde el mundo se parte en dos. El individuo se enfrenta a su imagen con un dolor intrascendente y el artista corre por la historia como una huella inequívoca del mundo que descubre la luz y la sombra de los ojos en una mirada estremecedora. El silencio es la antesala del pensamiento que preludia al arte. Lo envuelve y lo cobija, porque eleva su eco con palabras que convierten en ruidos las huellas del hombre que husmea entre los escombros. Porque entre las pronunciadas en alto encuentra palabras antes que suceda lo que no tiene remedio.

Tomado de El interés del arte por otras cosas, Ellago Ediciones 2007.

«I know what your eyes saw», and other poems from the book «No es nada»

I KNOW what your eyes saw
when with an absent gaze
you fled to no man’s land.
I know how hard it is to feel nothingness
when you are the edge of the abyss
and calm is a whisper in the distance.
I know what it is to ask god for life
and believe in nothing.
I know what it is like to feel alone
when everything around is silent
and you only hear the sound
of silence adrift.
I know what it is to feel love and hate
in the uncertainty of desire
if what you write is forgotten in an instant.
Like having everything and having nothing.
Writing a poem and nothing.
Your name below and you are no one.

SKY OF WOLVES

You must have seen that there are barely questions.
I write with a hand taken from the heart
and it hurts to feel that some birds
have been cut down with the same hand.
We used to be wild dogs
down tunnels where no one dares walk alone.
Nothing more than the flight of those birds of prey
and a pack of wolves at the front door.
The answers reside far from the questions.
They talk about truth with no emotion.

Kindle version cover

ASK THE men if it is right
to renounce everything in love as well.
Ask the children if they agree
with what they’re being taught.
Ask the mothers if they love
the life that they have.

Ask the women of course
if they carry flowers in dreams
and if they bleed in the midst of dreams
when they awake.
Ask the gods
if they have met.

Ask the poets
if the song is music
and if thinking is the end
or the beginning of thought.
Ask the lovers
if they’re conscious of their wealth.

Ask dreams if freedom
feels what the eyes can see.
And if it’s wise to be silent
or preferable to flee
from the word that is spoken
until its true echo resounds.

MY MINISCULE HEART

When my heart was outside of me
I could never write a poem.
I tried, but I couldn’t.
Neither could I write a letter
to my mother for example
telling her I loved her.
Nor could I write a note
to my closest friend
telling him that the keys to my house
were on the red flowerpot
next to the front door.
When my heart was lost
in the immensity of time
and eternal indifference
I couldn’t write a word.
To my love for example
telling her I missed her
and awaited her return
like rain that arrives daily.
Nothing.  Not a poem, not a letter.
Not a note, not a forgotten memory.
I could do nothing but wait
for her to come home
to write this verse now
where I say that I truly love you
even if I’ve never told you before
feeling my miniscule heart
as I never felt it before
when it was on the inside.

AND YOUR EYES WILL COME

And your eyes will come
to show me the light
in the midst of the chaos.
And your words will come
to gather me up.
Your arms to circle back
to where I got lost.
Like mud in your hands
I will set my water-pitcher soul on one side
of the forest of truth
my warrior body on the other
with a sword incapable
of cutting the brush from the path.
I’m not surrendering
but I’m exhausted.
And your hands will come
to touch me in the distance
because I got lost
in the thicket that covers desire
until I thought I didn’t believe in love.
I toughened up and stopped laughing.
Perhaps it’s the way it should be, you tell me.
I know that certainties
end up ceding to the violence of the ocean.
That the ocean returns everything
with its waves and illusions
—a unique world—
so that light
is reborn
because there’s nothing left to do,
fighting this battle is no longer necessary
when one always, yes, always,
ends up losing.
Freedom is choosing a path
it is misidentifying destiny
with those who cannot and know not how to join us.
Freedom that is so afraid
of loneliness.
The loneliness that is so mistaken
when it is desire that is in control.  
When obsessions with love
are what govern the beat of feelings
in the face of an old man
where once there was a child.
Where there was sea and now only desert.
Where one sees heaven
and no one knows it.
Where there was something and now it’s different.
And your hands will come
to show me the path.
Your arm to remove the bewildering vegetation
that grows across my eyes
while watching the world pass by
seated in an armchair in the room
that no longer has a window
because the few that existed
have been painted black.
Were you truly in love?
And if you weren’t
why did you not know what could happen
in the dark vegetation
that dominated your whole body
and placed its certainty at the feet
of the most unlikely blows?
We hurt what we love
while pain shelters its seed
in our hearts
and is born at the wrong time
and everything becomes a hard shell.
But your words will come
making me doubt everything.
What I was and did.
What I am and do.
To tell me, no, don’t,
don’t think about it anymore now.
And give me your hand, OK?
And in my answer
—that could only be a stammering—
you’ll come tell me:
yes, I’d like you to do it
while holding me tight.
I cannot write at this distance
the words that I said,
only the ones that came to see me:
I’m kissing you too
not hard, but slowly.
Perhaps then we would have to wait
for the wall lizards to illuminate
the path of that night
where there were so many mosquitos
and the butterflies accompanied the light
to its destiny, even dying.
I too fall asleep with my eyes open.
Will you let my hands close them for you?
And your eyes will come to mine
so I can sleep easy.
And your hand will come to mine
so that sleep
can draw the path
that is now uncovered.
And your nocturnal silence will come
to be a word that only I
—for now—can hear.
Relax now, my love, relax.
Because even though you’re still fragile
the tiny light
will be able to break your shell.
Relax now, my love, relax.

THE AIR YOU BREATHE

The air you breathe
when you go outside.
That you breathe in when you’re sleeping.
The same air you breathe
if you stay awake.
That you breathe out when you walk
beyond the street corners
without realizing
the importance of staying alive.
The particles of your heart
in the muscles of life.
The tranquility of time
in the monotony that envelops you.
What remains and advises you.
What touches and overcomes you.
What you can and cannot see
but you understand.
The air accompanies you
while an invisible hand
envelops you at a short distance
from that which shines in the morning
and remains adrift
and languishes later in the day.
When you sleep
without contemplating death
attended by complete darkness
that opens the windows to the day
so it can air out the room
and remove flavor
from the consciousness of the scent of the night.
The scent that inhabits you
receiving nothing in return
and envelops you on the inside
with the passing of the days
like a nonexistent water lamp
or a jug of enveloping light
that left an innocent hand
in the path
to resuscitate life
without the power of thought
at every instant
or the invocation to the passing
of present time.

Translated by Sandra Kingery

Jordi Royo

Recuerdo del poeta y del amigo.

Jordi Royo, poeta del discurso verbal y gráfico.

Ha muerto Jordi Royo (Barcelona, 1959), víctima de una larga enfermedad degenerativa que pronto le apartó de los círculos poéticos. A pesar de una infancia complicada, en un internado de Galicia, tuvo una juventud llena de experiencias que vivió de forma alegre, poética y  heterodoxa. Sus amigos lo recuerdan como una excelente persona que, entre finales de la década de los setenta y principios de los noventa, en el ya desaparecido Café Dadà de Barcelona o en su piso del barrio barcelonés de Gràcia, le gustaba compartir lecturas diversas G. Leopardi, Ezra Pound, T.S Eliot, L. Ferlinguetti–, hablar de bossa nova o de canción italiana, de filosofía, o tocar la guitarra y salir en busca de un futbolín o de una máquina de flipper para jugar interminables partidas con los amigos o llevarlos en moto, de noche, por las calles de la ciudad mientras soñaba con un viaje a San Francisco, tras el rastro de la cultura beatnik, que finalmente la enfermedad no le permitiría realizar.  

Retirado en su casa de Palau-Solità i Plegamans, junto a su mujer Victòria y sus dos hijas, a pesar de los estragos de la enfermedad, Jordi Royo continuó escribiendo e ideando proyectos con otros escritores y artistas visuales. Conocedor de su inevitable final, trabajó hasta el último momento que le fue posible.  

Lejos de las convenciones, su poesía está libre de cualquier compromiso que no incluyera su propia presencia, su búsqueda y experimentación. Jordi Royo apostó por una refundación lírica, sin concesiones, no adscrita a militancias, que integraba elementos de la poesía visual, ecuaciones, signos de net-art, variaciones numéricas, códigos-máquina y claves que presentaba con listados que se acercan a la exactitud del decir científico para expresar, paradójicamente, la inexactitud y la inmensurable dimensión del ser humano. Con esos elementos logró un equilibrio original entre el discurso verbal y el discurso gráfico. Tal vez, como se ha dicho de él, no estar inscrito en ninguna tradición poética sea ahora un lujo, incluso un acto de rebeldía; el mismo lujo y el mismo acto de rebeldía que podemos reivindicar como lectores de ese caleidoscopio suyo de imágenes que muestran una realidad móvil.

El que también fuera secretario de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña en los años noventa se licenció en Filosofía por la Universidad de Barcelona, realizó cursos de doctorado de Literatura Comparada y dirigió las colecciones de arte y literatura: Amagatotis, Ipshitilla, Phalartao y Boston. Asimismo desarrolló una labor como crítico de arte, colaborando en catálogos de artistas plásticos en diversos países. Su obra ensayística, publicada de forma parcial en revistas, fue editada por Bassarai en el libro La imagen poética (2004). Tradujo al catalán y al castellano a G. Leopardi y a Csoóri Sándor y revisó la traducción de Old Possum´s book of Practical Cats de T.S. Eliot y algunos textos de János Pilinszky. Como poeta fue el autor de media docena de libros en los que destacan Naznava (Premio Ámbito Literario / Poesía 1982) y Il gobbo (Premio Ámbito Literario / Poesía 1988), ambos publicados por la editorial Anthropos, dos textos que pasados más de treinta años corroboran las palabras que le dedicara Juan Antonio Masoliver Ródenas en el prólogo de Il gobbo: “el poeta se está refiriendo continuamente al primer libro, Naznava; hay una lectura constante, en un proceso de construcción y desconstrucción, de aceptación y de rechazos: naznava y avanzan están en el centro de toda su poesía, un retroceso que es asimismo un punto de partida.” Otros libros, La utilidad de la muerte (1997), Okupación del alma (2002), y @-dreams (2009) fueron publicados por Bassarai.

Recientemente se ha reunido el conjunto de su obra en un único volumen: Poesía Reunida 1980–2011, Ediciones Sin Fin (2017). Sus poemas han sido incluidos en antologías de España y México, y traducidos al húngaro, portugués e italiano. En enero de 2018 y con motivo de la aparición de Poesía Reunida 1980–2011, sus amigos poetas le rindieron un homenaje en la Llibreria Calders de Barcelona.

Jaume Benavente, Kepa Murua, A.G. Porta, Gustavo Vega.

También se puede leer en el enlace de ACEC:
http://www.acec-web.org/spa/default.asp