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Escritor

La naturaleza es sabia

Del libro Itixna, 2004.

Trilogía del corazón

Trilogía del corazón es un primer paso para la recopilación de la obra poética de Kepa Murua; aquí se condensan tres de sus más relevantes títulos: Cardiolemas, Siempre conté diez y nunca apareciste y Cavando la tierra con tus sueños; con los que se dio a conocer en el panorama literario español y con los que ratificó su vocación creadora con una importante voz propia.

Trilogía del corazón
© Kepa Murua
Editorial Luces de Gálibo
Colección: poesía, 47
Barcelona, 2021

ISBN 978-84-15117-73-5
216 páginas

El mar es un desierto de agua

El tiempo se oculta en los estribos del mar que se camufla a los pies de las rocas. El mar es un desierto de agua inteligente, hace con el hombre lo que quiere. Duerme en silencio, descansa con la melancolía de la tarde, rara vez despierta si el cielo duerme. Solo cuando resuena el deseo al galope, detrás de las olas que buscan el viento en contra, como juega el polvo con la tierra a lo que quiere. La vida es un agujero negro que acusa la erosión subterránea hasta su muerte. Las almas sueñan con el instante. Lanzad al mar vuestras piedras, volverán a caer al fondo.

© Del libro Flysch, 2006.

Escribir en un mundo que cambia vertiginosamente

Entrevista realizada por Margarita Sánchez-Mármol para la web de la librería Muga. 24 de febrero de 2021.

Leer la entrevista en la web de la librería Muga.

Es una ocasión única para nosotros contar con la presencia de Kepa Murua en la librería Muga. Kepa, nos gustaría conocer mejor su último ensayo “Cambiar con la escritura”. ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

Suelo preguntarme sobre los cambios que observo en lo que hago o en lo que creo ser; la escritura me ayuda a pensar y me sirve para solucionar mis conflictos personales. Quería transmitir parte de lo aprendido en el oficio de escribir para que otras personas puedan hacerlo, sin miedo a la página en blanco, por ejemplo, o puedan mejorar lo que han escrito.

¿Qué significa para usted estar en la escritura?

No soy muy hablador, prefiero escribir y escuchar. Estar dentro de la escritura es sentir por dónde van las palabras, qué camino escogen; es plantear el texto, más allá de la mera argumentación, analizando el ritmo de las frases o la forma del libro, sopesando lo que se dice y lo que se ha de callar, apartando lo que en realidad no sirve y que suele ser eso que llama la atención al lector en un primer momento.

En el libro digo: “Por dentro, nos exige escribir mejor, hacerlo cada vez diferente y con una madurez a prueba de muchos silencios y demasiados fracasos. Por fuera, nos llama a ser mejores personas, a creer en la amistad, a ser generosos con nosotros mismos y con los demás. Nos cambia por dentro y por fuera para convertirnos en escritores a los que los lectores acuden para evadirse y conocer con otras palabras sus sentimientos”.

Independientemente del género con el que trabaje, su escritura parece que se desliza por los desfiladeros del significante: La nada se convierte en potencia creadora, la ausencia preludia el amor, lo estático genera movimiento. ¿De qué manera califica su relación con el lenguaje?

Puedo pasar horas eligiendo una palabra, en la corrección me asaltan dudas y se me abren nuevas posibilidades. El pensamiento sobre el vacío que ha de ocupar la palabra o el silencio que presenta lo escrito en la mente del lector debe tener una música envolvente. La partitura del autor se transforma en un ser vivo cuando el libro se abre y comienza a expandirse lo que en un inicio se pensaba que solo era lenguaje.

¿Cuál es la propuesta de cambio con la escritura?

Se puede alcanzar la felicidad con la escritura y en el plano personal, la escritura cambia nuestra visión de las cosas, nos convierte en mejores personas en un mundo cambiante, duro por momentos. La libertad es responsabilidad nuestra y como las palabras impresas no se pueden borrar, la escritura debe realizarse sin prisas, tiene que ser madura, bella, profunda, transformadora.

Se dice en el libro: “Escribir me dota de un espacio y de un tiempo diferente. Escribir me hace sentir más libre y creerme más fantasioso. Me hace volar sobre una realidad en un mundo que cambia vertiginosamente”.

Entre sus influencias literarias menciona “Carta al padre”de Franz Kafka y “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke. De este último, usted dice que fue el profesor que nunca tuvo. ¿A qué se refiere?

Con mis primeros libros me acerqué a escritores que no me hicieron caso. Eran famosos, pero andaban en sus asuntos. En esa búsqueda no tuve más remedio que apoyarme en los libros. Kafka me ayudó y Rilke fue el profesor que no tuve. Cuando no sabía cómo organizar un verso, me detenía en sus poemas hasta que era capaz de convertir algo que resultaba complicado en sencillo. Rilke me mostró que la soledad era el refugio. Nunca recibió un premio y su biografía presenta la fuerza que adquiere la poesía en un mundo cambiante.

En varias ocasiones he leído lo importante que es para usted la relación con el lector y el proceso creador. ¿Cómo trabaja para mantener ese equilibrio?

El lector ocupa una parte de mi mundo, sin ellos son soy nadie. No tengo muchos, pero son fieles y escucho sus comentarios para acortar la posible distancia que nos separa. Sus palabras me han servido para cambiar de rumbo, su visión me ayuda a ser mejor escritor; en ocasiones, porque me han dicho de todo, me he reído mucho con ellos.

¿Qué cree que le distingue como escritor?

La capacidad de superar el rechazo de editores e instituciones, así como la elaboración de una obra personal en géneros como la poesía, la novela o el ensayo. Concibo la escritura como un todo y a menudo pienso que mi obra, donde se mezcla el canto a la vida con el rezo ante la muerte, es un rezo poético en todos los sentidos y que mi atrevimiento de ir a contracorriente, aun no siendo recomendable, es notorio.

© De la fotografía: Raúl Fijo, 2021.

El blanco y el negro

Del libro Itixna, 2004.

Y sin embargo todo permanece

Del libro, Faber, 2009.

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La belleza de ese paisaje solitario

1 de enero del 2010

No sé para qué sigo con estas memorias. No sé para qué abro una nueva carpeta. Por no saber no sé por qué sigo escribiendo, por qué sigo editando.

3 de enero

Las emociones más elevadas nos muestran frágiles ante los demás. Nos hacen aparecer ante sus ojos como unos ingenuos o unos tontos, pero es inevitable mostrarse tal como uno se siente en un momento determinado.

7 de enero

Escribo a E.U. que anda desorientado en Nueva York: “Estimado amigo. Sigue adelante. Si la vida es complicada, más confuso puede resultar el mundo de la escritura. Pero hay que confiar en lo que se hace. Yo mismo he sentido mil veces su vacío y, a menudo, me siento desplazado por la crítica y los gustos de la mayoría, tanto es así que todos los días reflexiono sobre si merece la pena escribir para tan pocos lectores, y sin embargo, sigo haciéndolo porque en el fondo sé que lo que escribo merece la pena. Es más, incluso llego a pensar que alguna vez puede cambiar esta realidad cultural que nos confunde a todos. Son dudas que nos asaltan a menudo, situaciones que nos pasan a los que nos enfrentamos a la página en blanco, a los que nos inventamos el trabajo cada día, y muchas veces no vemos los resultados esperados. Sé que es duro, y que es difícil asumirlo. Hace poco, por ejemplo, publiqué Faber, un libro al que no se le está haciendo caso. Intuyo que no ha sido entendido como esperaba, pero pese a todo, sigo adelante. Por lo demás, siempre podremos perdernos por las calles y sentir esa extraña felicidad de hacer las cosas lo mejor que sabemos”.

8 de enero

La nieve es para las aves como el frío para la amistad. Con la nieve que cae no se ven pájaros ni se escuchan sus cantos. Con el frío, con las malas rachas, los amigos huyen, se ocultan para siempre, quedándote aterido y solo en la intemperie. Mas queda la semilla dentro: el canto, la amistad o el amor. Y es cuestión de volver a salir a la calle, al campo para mirar y tocar las cosas un día que salió el sol. Empezar a sentir de nuevo, incluso la necesidad de esa pérdida o la belleza de ese paisaje solitario que nos obliga a refugiarnos dentro, pues el olvido finalmente es lo que queda después de lo que no hay.

11 de enero

De los escritores que ahora tienen éxito ya se hablaba en la década de los noventa. Era lógico que uno los buscara cuando pretendía encontrar voces diferentes. Y fueron estos autores los que ganaron los premios de renombre y fueron aclamados por la crítica por sus obras maestras, “difíciles de superar” en la narrativa de entonces. Solo que ahora todo se repite: los nombres, sus libros e incluso, los elogios y las críticas. Y yo me pregunto: ¿no hay nada nuevo desde entonces? ¿Por qué esa manía que tienen estos afamados autores de estirar sus novelas hasta límites insospechados para decir –al fin– lo que habían dejado de decir en aquella época? Hay algo que no me cuadra: o la crítica se equivocaba antes o se equivoca ahora. ¿Y los autores? O se creían lo que de ellos se decía o nunca se creyeron nada de nada, incluso lo que ellos mismos dijeron entonces.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La despedida en silencio, 2010).

© De la fotografía: Raúl fijo.

La broma

Volver a Rilke

3 de enero de 2008

Volver a la biografía de Rilke es volver al diccionario –el único libro que un poeta debe leer a menudo–. Es volver al aprendizaje de una lengua y situarse en otra. Es hablar y escuchar en una lengua y escribir en otra. Es transformar el canto interior del hombre en eco del paisaje. Es volver a la poesía religiosa sin ser religioso, a la poesía de la vida sin vivir como lo hace la gente, es volver al silencio y a la soledad extrema. A la ingenuidad también, a la profundidad de las cosas, al alma de lo innombrable junto a la visión detenida de los animales y las plantas. Saber algo más de Rilke apoyándose en sus textos es transformar la gramática cuando se empieza a escribir sintiendo la presencia de las palabras cuando no tienes con quien conversar y aprendes a hacerlo en silencio. Volver a Rilke es reconocer la naturalidad del cuerpo libre. Volver a un dios que por parecer triste o profundo, es humano y delicado. Es resistirse a una divinidad que nos convierte en únicos. Es resistirse frente a la derrota, seguir adelante con las palabras que no se emplean a menudo, continuar por un sendero ilimitado de sospechas y susurros. Volver a Rilke es reconocer un rezo invisible pronunciado por un hombre que se convirtió en poeta como quien persigue un amor sin saberlo. Es volver a la poesía en tiempos de derrota. Volver a Rilke es sentirse parte del mundo pese a su aparente tristeza.

8 de enero

Poco antes de morir, un ocho de enero de 1922, Katherine Mansfield escribe: “Quedarse tranquilo, explicarse y ser sincero. Acuérdate de esto”.

14 de enero

Este año se presenta difícil. La crisis económica internacional, la inestabilidad política en España, la falta de perspectivas del sector, la inexistencia de ayudas a las pequeñas empresas culturales en un entorno tan politizado como el vasco, son razones de peso a la hora de situar una empresa de literatura en un tejido económico que siente como un lujo que alguien se pueda dedicar a la poesía. ¡Qué se le va a hacer! A estas alturas me pregunto si todavía tendré tiempo para cambiar de oficio. Sea lo que sea, siento que estoy solo, que vuelvo al principio. Libro a libro, verso a verso, paso a paso, sin pensar demasiado en el futuro.

16 de enero

Otra de las razones de ser un poeta metido a editor es que, pese a conocer las trampas del sector, la dedicación se hace con una mirada radicalmente contemporánea. La ola es tan grande que nadie se atreve a cogerla, pero hay que lanzarse a por ella, aun a riesgo de salir despedidos.

20 de enero

El primer trabajo de un editor es el de lector, y el de un poeta, el de ciudadano del mundo.

22 de enero

Como desde hace un par de legislaturas los profesionales y tecnócratas de turno han llegado al poder, los políticos se han convertido en una casta aparte que vive alejada de los problemas reales de la ciudadanía. Pero en materia de cultura es significativo que se hayan transformado en una lacra que les marca por una pereza intelectual incapaz de comprender otras cuestiones diferentes al discurso dominante. Enfrentarse a ellos conlleva la obligación de prestar una atención desmesurada por sus encomiables servicios (sic) y una escucha interminable a un diálogo ensimismado que se sostiene en el mundo de las estadísticas. Debería decir entonces que es preferible encomendarse a los funcionarios de turno; pero no, porque estos se han transfigurado en una casta que se lava las manos y asiente con su sindical indiferencia a todo lo que mandan sus jefes. No obstante, si alguna vez vas a conversar con un servidor público, encomiéndate a Dios o al diablo por si te encuentras con un funcionario-poeta, o con un poco de buena suerte, con uno que iba para artista. Estos señores, la mayoría de ellos hombres, aparentemente cultos, conforman la casta más privilegiada del mundo laboral, pero a la hora de ubicarse en su trabajo critican los proyectos que se sostienen en el mercado y obstaculizan aquellos que no entienden como puramente artísticos. Oh, qué dolor cuando alguno me muestra sus poemas o me invita a ver sus cuadros. ¿Qué habré hecho yo en una vida anterior para atraer a tanto analfabeto y a tanto pelmazo al cruzar la puerta de las instituciones? Qué pesados son estos señores de la función pública que, aparte de vivir muy bien, nos exigen que coincidamos con un sentido puro de la vida. ¿Sabrán lo que cuesta escribir un libro? ¿Cuánto cuesta editarlo? ¿Y cuánto venderlo?

28 de enero

Si en las novelas vemos que los adjetivos se emplean muy mal, en poesía hay que ser muy certeros, casi perfectos, con las palabras utilizadas. A menudo lo que suena no es y lo que no suena prevalece por su ritmo interno, por su sonoridad secreta. Es como el jazz, pero con el silencio de la cabeza tocando una secreta melodía que va apareciendo mientras se escribe o se lee.

2 de febrero

Estar en la escritura es escribir un poema, masticar sus palabras, sentir el peso de su ritmo, sopesar en el pensamiento su significado. Es leer un libro sin más. Es leer lo que otros han escrito viendo cómo lo hacen. Es leer en silencio. Es corregir en el pensamiento. Y escribir unas líneas sobre la escritura. Y escribir luego algo muy tuyo, que sale de muy dentro, que pertenece a la vida y que está en el límite del tiempo que nos corresponde mostrar una vez más en silencio.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).
© De la fotografía: Raúl fijo.

El día que muera

El día que muera
no me enterréis con los míos,
dejadlos en paz.

Dejad a los Aurizenea con su timidez y su belleza
alzarse sobre una colina
con el apellido a cuestas.

Dejad a los Murua descansar por fin
con su inteligencia
y sus ojos ruidosos.

Dejad a mis amigos en su descanso.
A mis enemigos, dejad que sus huesos
les coman los gusanos.

Disfrutad de la fiesta el día que muera.
Prohibid exequias, negad mi buen nombre,
bebed un vaso de vino.

Leed algo, quizá un poema, pero no mío.
Y ahuyentando mi memoria
con una bengala detrás del horizonte, olvidadme.

Aventad mis cenizas el día que muera
en un círculo hecho silencio.
Ese día descansad y dejadme.

Y si alguno de vosotros llora
decidle que si es triste el recuerdo
la vida mereció la pena.

© Del libro No es nada, Calambur 2008, Amazon 2019.

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